Crónica de Torreón

De viejas rivalidades

La creación de la diócesis de Gómez Palacio, resolvió, en el ámbito eclesiástico, las nuevas necesidades que una Zona Metropolitana como la de La Laguna, planteaba. De manera análoga a como la diversidad de municipios laguneros requiere de una administración planeada de manera conjunta, de la misma manera, el pastoreo de una grey que abarca diez municipios del Estado de Durango requiere de una atención más cercana.

Por su parte, el obispado de Torreón incluye los municipios de Matamoros, Francisco I. Madero, San Pedro de las Colonias, Viesca y Torreón, todos ellos en Coahuila. A su vez, el obispado de Gómez Palacio, abarca los municipios de Lerdo, Mapimí, San Juan de Guadalupe, Santa Clara, Simón Bolívar, Nazas, San Pedro del Gallo, Tlahualilo, Cuencamé y el de Gómez Palacio.

Las jurisdicciones de los dos obispados, ambos con sede en la Zona Metropolitana de La Laguna, prácticamente comprenden el territorio y jurisdicción geopolítica de las viejas misiones jesuitas de Parras, San Pedro de La Laguna y San Juan de Casta. Desde sus inicios en 1598, estas misiones configuraron a la Comarca Lagunera como entidad, tanto religiosa como geopolítica (Alcaldía Mayor de Parras, Laguna y Río de las Nazas).

El siguiente paso lógico, será la creación del Arzobispado de La Laguna, con ambas diócesis en su jurisdicción. Con el tiempo, La Laguna volverá a tener unidad administrativa en lo religioso, y probablemente, en lo político. Las dos Lagunas no son regiones separatistas, sino integracionistas. No buscan separarse, buscan reunirse de nuevo, pues desde 1598 hasta 1785, ambas Lagunas fueron una sola. Fueron las fatídicas instrucciones reales de Carlos III del 21 de mayo de 1785, las que decidieron la separación de La Laguna en dos diferentes provincias: una en la Nueva Vizcaya (Durango) y otra anexada a la provincia de Coahuila o Nueva Extremadura.

Para hablar de un tema relacionado con el anterior, mencionaremos la vieja “rivalidad” que existe entre las ciudades de Saltillo y Torreón. ¿Cómo explicar ese sentimiento mutuo?

En 1889, el gobierno del Estado de Coahuila con sede en Saltillo, liberó del pago de impuestos estatales y municipales por varios años a los habitantes de la Estación y ferropuerto de Torreón, circunstancia que muchos aprovecharon para poner comercios, industrias o almacenes comerciales. Esta medida fue un detonante para impulsar el crecimiento del lugar, que pasó a ser una villa y posteriormente una ciudad de economía agroindustrial, en un lapso meteórico.

Saltillo no se imaginaba ni se esperaba que las cosas resultarían tan buenas para Torreón. Rápidamente se notó la diferencia de mentalidad entre ambas ciudades. Mientras que Saltillo era una ciudad con vocación netamente administrativa, Torreón era una ciudad empresarial que se construía a sí misma de una manera vertiginosa, gracias al impulso inicial.

Saltillo le había disputado y arrebatado a Monclova (la capital original de la Provincia de Coahuila) la capitalidad del estado, a pesar de que, desde el punto de vista histórico, Saltillo venía a ser una población “nueva” incorporada a la provincia de Coahuila apenas en 1788.

Al ver el pujante crecimiento de la ciudad de Torreón, Saltillo sintió amenazada dicha capitalidad y los ingresos, oportunidades y las fuentes de trabajo que la burocracia estatal generaba. En pocas palabras, sintió amenazada su economía. Pero esta percepción estaba equivocada. Torreón jamás ha sido capital de estado, ni le interesa serlo, porque no necesitaba los recursos de Coahuila para crecer. Se bastaba a sí misma, a través de sus pujantes empresas y empresarios.

Ese prejuicio y erróneo temor de los saltillenses hacia Torreón, ha creado muchos desencuentros y malquerencias a través del tiempo. A ojos de los torreonenses, pareciera que los Saltillenses consideran a Torreón un simple lugar para obtener dinero de múltiples maneras. Esa es la queja de innumerables taxistas, que se lamentan de que las placas en Torreón cuesten treinta mil pesos, y en Saltillo, solamente seis mil. Y se podrían citar muchos más ejemplos.

Este aparente “maltrato” de Saltillo hacia Torreón, es en gran medida, el motor que impulsa las ideas de crear el Estado de La Laguna. Por supuesto que lo que expreso en estos párrafos es una mera opinión personal basada en la experiencia de muchos años. No es una demostración científica. Pero no creo que dicha opinión vaya tan desencaminada.

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