Crónica de Torreón

Los primeros tajos laguneros

“Tajo” constituye una palabra que se consideraba ser de origen relativamente reciente en la Comarca Lagunera, llegada de España con los inmigrantes de finales del siglo XIX y principios del XX. La palabra que la población regional usa para denominar un canal de tierra sin revestir, es precisamente “tajo”. Sin embargo, contamos con evidencias documentales que indican que tanto la denominación como los tajos mismos en La Laguna, datan de la era virreinal. El primer constructor de tajos fue sin duda, el conde de San Pedro del Álamo, casado con la marquesa de San Miguel de Aguayo. Durante el primer tercio del siglo XVIII, la pareja adquirió la Hacienda de San Lorenzo de La Laguna. En sus vastas propiedades se establecieron ranchos y haciendas, ya que en estas tierras de San Lorenzo pastaban unas 400 mil ovejas durante 6 meses del año. La producción de estos ranchos para alimentar a sus habitantes y a los innumerables pastores que cuidaban los rebaños, requería del abasto seguro del agua de riego.  Y como nos lo relata el padre Dionisio Gutiérrez del Río en su “Breve historia de La Laguna” (Historeta de La Laguna) escrita en 1786, durante el siglo XVIII, el Río Nazas cambiaba de curso, particularmente en la segunda mitad del siglo. Las avenidas del río llenaban de arena los viejos cauces, hasta taparlos. Y entonces el agua buscaba un nuevo cauce. Para resolver el problema del abasto del agua a causa de los cambios de curso del Río Nazas, los marqueses de Aguayo mandaron cavar el “Tajo de San Antonio”, el cual les permitiría contar con el agua necesaria para la siembra de los ranchos de la Hacienda de San Lorenzo de La Laguna.   Una revisión a los libros parroquiales de San José y Santiago del Álamo (Viesca) en cuya jurisdicción eclesiástica se encontraba la Hacienda de San Lorenzo de La Laguna desde el primer tercio del siglo XVIII, nos permite encontrar las evidencias que nos autorizan a afirmar lo que llevamos dicho. Un ejemplo entre muchos: el acta de bautismo que se conserva en Viesca, Coahuila y que data del 29 de diciembre de 1789 corresponde a María Saturnina Tomasa Hernández Barraza, caracterizada “racialmente” como “loba” (mezcla de negro e india). La partida de bautismo indica “que nació en el Tajo, Río de las Nazas, Laguna de “Tagualilo”, Rancho de San Antonio del señor marqués de Aguayo” el 30 de noviembre de 1789, como hija legítima de Francisco Hernández, de la Sauceda de esta jurisdicción, Rancho de San Antonio del marqués de Aguayo, Río de las Nazas, Laguna de “Tagualilo” de esta jurisdicción, y de María Juliana Barraza, de San Juan de Casta, jurisdicción de Mapimí, y legítimamente casados. “Y porque a la presente viven y habitan en el Rancho de San Antonio del marqués de Aguayo; en el Tajo Río de las Nazas, Laguna de “Tagualilo” desta vecindad y jurisdicción”, fueron padrinos, que la tuvieron o recibieron, Josef Alvino Chavarría del Rancho de San Antonio del marqués de Aguayo, jurisdicción de San Francisco de los Patos perteneciente al pueblo de Santa María de las Parras, y su mujer, María Michaela Peinado, de la estancia de Aguanueva, jurisdicción de la villa de Santiago del Saltillo.  Firma don Manuel Sáenz de Juangorena, capellán de la Segunda Compañía Volante de San Carlos de Parras, y actual teniente de cura del pueblo de San José y Santiago del Álamo.  Nótese que el padre Juangorena se esfuerza (hasta llegar a lo repetitivo) en distinguir claramente en el texto del acta, entre el Rancho de San Antonio, en el tajo del Río de las Nazas, propiedad de los marqueses de Aguayo y que quedaba en su jurisdicción eclesiástica, del homónimo Rancho de San Antonio, también propiedad de los marqueses de Aguayo, pero en la jurisdicción de San Francisco de los Patos (General Cepeda) y de Parras.  


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