Crónica de Torreón

Aquellos gallardos irlandeses

El próximo 17 de marzo se celebrará a escala mundial el día de San Patricio, patrono de Irlanda. Desde luego, en ese país las fiestas son multitudinarias.

Lo mismo pasa en los Estados Unidos, donde hay muchos ciudadanos que proceden de inmigrantes irlandeses. En las principales metrópolis estadounidenses desfilan cuerpos de ciudadanos de todas las edades y ocupaciones, las corporaciones de servicios públicos, los miembros de sociedades y clubes históricos, representaciones y delegaciones de otros países, todos marchando al compás de célticas gaitas y tambores.

En México, esta festividad se celebra de manera diferente, como felicitación o fiesta privada por su onomástica, es decir, por razón de las personas que llevan el nombre del santo. No hay suficientes irlandeses como para hacer una celebración de carácter público.

Sin embargo, México e Irlanda están vinculados históricamente por el cuerpo militar que fue llamado “Batallón de San Patricio”. Este cuerpo se formó durante la guerra de agresión de los Estados Unidos contra México, cuando muchos de los soldados irlandeses que venían como tropas invasoras se cambiaron al bando mexicano.

Los irlandeses se identificaron de inmediato con sus correligionarios católicos mexicanos, y no influyó poco el hecho de que los colores de las banderas de Irlanda y México fueran los mismos. Por otra parte, los irlandeses odiaban a los ingleses por la terrible opresión que habían llevado a la verde Erín.

La agresión contra México parecía un nuevo capítulo de esa vieja historia. Inglaterra era a Irlanda, lo que los Estados Unidos a México. Los así llamados “San Patricios” pelearon del lado mexicano, y con gran fiereza, en las batallas de Monterrey, en la de la Angostura, al sur de Saltillo, capital de nuestra entidad federativa, y en la batalla de Churubusco.

En la Angostura diezmaron a un batallón estadounidense y le capturaron dos cañones, hechos por los cuales algunos de sus miembros recibieron la Cruz de Honor de la Angostura.

Muchos de estos irlandeses fueron capturados en la ciudad de México, y los estadounidenses ejecutaron contra ellos terribles venganzas, desde los azotes y la marca con hierro candente, hasta la horca.

Otros quizá sobrevivieron y se habrán casado con mexicanas, estableciendo familias en su nueva patria, o bien, asesinados, se esfumaron del mundo de la historia.

Entre ellos es bien conocido John Riley, un oficial de este cuerpo que permaneció en México y murió en Veracruz. 


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