Crónica de Torreón

De banderas y aromas

El 12 de octubre de 1933, “Día de la Raza” fue celebrado en Torreón para recordar el “descubrimiento” de América, o como diríamos actualmente, el “encuentro” de dos mundos.  Los edificios fueron adornados con la bandera mexicana, o bien, con las de las respectivas naciones representadas diplomáticamente en nuestra ciudad. Al pie del monumento a Cristóbal Colón, ubicado en la calzada a la que da nombre, ondeaban todas las banderas de naciones americanas. Se encontraban presentes alumnos de diversas escuelas, quienes entonaron los himnos nacionales de Uruguay, Perú, Venezuela y otros países latinoamericanos, México incluido. El 30 de enero de ese año de 1933, el general Paul Von Hindenburg había nombrado canciller de Alemania a Adolf Hitler. Por esta razón, el partido nazi se encumbró en el país germano.  Es por esta razón que, en ese acto conmemorativo que celebraba tanto al almirante como la entrada en la historia occidental de la América, la bandera nazi ondeó por vez primera y de manera pública en Torreón. Nos referimos a la bandera roja, con un círculo blanco cargado con la swástica o cruz gamada. Para entonces, en la avenida Morelos 1151 poniente, ya existía el “Club Swástica” de Torreón, con una buena cantidad de asociados de origen o ascendencia mexicana y alemana. En la fachada de ese club flameaba la bandera de la cruz gamada. Obviamente, las relaciones de la política internacional y el curso de los acontecimientos previos a la segunda Guerra Mundial, acabaron con la sustentabilidad de este club.  Los nublados y fríos relativos de nuestro invierno lagunero, quizá porque me ponen introspectivo, me hacen recordar cosas de mi niñez, cosas cotidianas sin mayor relevancia, pero que sin duda fueron compartidas por muchas personas. Cuando me preparo el café en mi vieja percoladora italiana de dos tazas (de los años novecientos veintes) me vienen muchos recuerdos de la infancia. Recuerdo que en casa, como en muchas otras, se tomaba el café con leche, el mismo que se servía en Torreón desde sus inicios en casas y restaurantes (café au lait). Durante la primera mitad del siglo XX, era muy común mezclar una infusión de café, con leche caliente. Algunos hervían el café, otros lo percolaban. Había variantes entre aquéllas personas de orígenes europeos o turcos, que gustaban del café denso y fuerte. No existían aún los cafés solubles, que surgieron a finales de los treintas y se popularizaron durante la posguerra, como la marca Nescafé. Y para volver al café de grano en Torreón, diré que algunas familias recibían de Veracruz sus mezclas en botes “tamaleros”. Pero la gran mayoría de la población compraba las marcas comerciales existentes en el mercado local, como eran el “Café Colón” y el “Estrella 57” de Sanfelíz Hermanos. Venía el café ya molido  en paquetes de diversas medidas y precios. Me hacía gracia que la envoltura del café Colón, que era roja y representaba una imagen de cuerpo entero del almirante genovés, mostrara una leyenda publicitaria que decía “Café Colón, descubrió el buen gusto de quien lo toma”. En cambio, el café “Estrella 57” (mezcla de “Córdoba” y “Caracolillo”) apareció precisamente en el año de 1957, y según recuerdo, mostraba una estrella de seis puntas con los dígitos sobrepuestos. Muy lejos estaban todavía los tiempos futuros de las cadenas trasnacionales como “Mc Donald´s”  o “Starbucks”. En el Torreón de la segunda mitad del siglo XX, había lugares donde se podía tomar muy buen café, como en “Los Globos”, establecimiento del cual se decía que era el lugar ideal para cerrar negocios “de millón para arriba”; estaban también “La Rambla”; el “Apolo Palacio”; “La Copa de Leche” y “La Americana”, entre otros. Y si se buscaba café estilo árabe, estaba “El Cairo”, “Biblos” y algunos otros que se me escapan.


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