Crónica de Torreón

Testimonios “incómodos”

Un antiguo relato de la historia Mexica menciona la época cuando los aztecas comenzaron a triunfar en sus campañas de guerra en el Valle de México, tras sufrir las humillaciones de ser un pueblo sometido y despreciado por su origen bárbaro.

Fue entonces que un primer ministro azteca de sangre real, Tlacaélel, decidió acabar con los testimonios históricos que hablaban de la realidad de ese desprecio y sometimiento a manos de los pueblos vecinos.

Decidió literalmente mandar destruir todos los códices –testimonios históricos- que dieran cuenta de esa época vergonzosa de la historia azteca. En pocas palabras, decidió cambiar la historia real de los mexica por una historia mítica, una historia en la cual este pueblo fuera el protagonista y no la víctima, donde hubiera de por medio una elección de sus dioses para llevar a cabo un destino glorioso de conquistas y de sostener a los dioses con sangre de cautivos. 

Este relato da pie para pensar en la iniciativa de Ley General de Archivos, “que da control sobre la política archivística del país a la  Secretaría de Gobernación” y que “propone dar a Gobernación el control de los archivos históricos del país” (fuente: Animal Político). 

De manera consensual, tanto organizaciones civiles como expertos en archivística “dijeron este martes 29 de noviembre que la Ley General de Archivos no debe permitir regresiones como las que se proponen en la iniciativa actual, en la que está en riesgo que los archivos desaparezcan por cuestiones políticas al dejarlos en manos de la Secretaría de Gobernación”.

“Exigieron frenar la aprobación de la Ley en los términos actuales y que el Senado acepte una discusión amplia para lograr una mejor legislación que no ponga en riesgo la memoria del país. “En esos términos, preferimos que no se apruebe ninguna ley”.

El riesgo, de aprobarse esta ley, es muy claro. El poder político podrá controlar y hacer desaparecer todos aquellos fondos documentales que resulten adversos a sus intereses. Sin testimonios históricos fehacientes, no habrá sino opacidad, engaño y desinformación. 


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