Crónica de Torreón

La “Candelaria”

La tradición de “acostar” y “levantar” al “niño Jesús” en los hogares laguneros, tiene raíces que van mucho más atrás de la llegada de los jesuitas al “País de La Laguna” en 1594. Efectivamente, esta tradición tan querida para los franciscanos, la conocían los indígenas de Tlaxcala prácticamente desde 1524, con la fundación del primer convento en esa provincia. Con la emigración de las 400 familias colonizadoras del septentrión en 1591, esta tradición vino con ellos. Los que llegaron al Saltillo en 1591, y que posteriormente comenzaron a pasar a Parras y su jurisdicción en 1598, ya eran cristianos de varias generaciones, educados por franciscanos.
En Nueva España, los jesuitas —con una formación clásica renacentista— fueron los promotores de las representaciones teatrales y religiosas conocidas como “pastorelas”, “coloquios” de las cuales ha quedado huella en el ámbito rural lagunero, profundamente conservador. Con su especial inclinación por las humanidades, las misiones y la docencia, alentaron a los habitantes del “País de La Laguna” a celebrar representaciones profundamente religiosas en el contenido, y además de las públicas y solemnes, otras de carácter popular y familiar por su naturaleza y forma de representación.
Entre estos ritos comunitarios o familiares se encontraban las ceremonias de “acostar” y “levantar” al “niño Dios” que son los temas que nos ocupan. Estas viejas tradiciones han sobrevivido hasta nuestros días. La gran mayoría de los habitantes de la zona metropolitana procede de los viejos pobladores coloniales de las áreas rurales, o bien, de muchos otros inmigrantes nacionales, y los menos, de inmigrantes internacionales que llegaron, en su gran mayoría, con las rutas del ferrocarril (es decir, desde 1884).
Aunque en muchos de los hogares torreonenses o laguneros puede haber “nacimientos” o “belenes”, las ceremonias de acostar y levantar al niño Dios tienden a ser más propias de las familias fervientemente católicas de las clases media y popular.
Por lo general, hay padrinos y madrinas de niño Dios, lo cual es una vieja costumbre tlaxcalteca que originalmente incluía mayordomos. Los padrinos, o bien, el padrino o la madrina dotan al niño de ropa nueva cada año, durante un ciclo que por lo general dura tres. Una vez completado el ciclo, habrá nuevos padrinos.
La función de los padrinos es la de manipular al niño durante la ceremonia: vestirlo o desvestirlo, limpiarlo, arrullarlo, colocarlo en la bandeja del besamanos y circularlo entre la concurrencia, o bien, colocarlo y levantarlo del pesebre. También suelen dirigir los rezos o los cantos.
La fecha de la ceremonia del acostamiento es, naturalmente, la nochebuena. En ocasiones se comienza desde la noche del 15 de diciembre, con la petición de alojamiento de “los peregrinos” en las “posadas”, y se repite noche con noche, hasta que se celebra la más importante y principal, que es la noche del 24 de diciembre, antes de la cena.
La “levantada” del niño suele ser el día de la Purificación de la Virgen o día de la Candelaria, el 2 de febrero. En Israel, las madres (como María) debían permanecer 40 días recluidas en casa tras el parto. Cumplido el término, la madre se purificaba mediante el baño en la “mikvá” o piscina ritual. Y si su primogénito era varón, pasaba a ser propiedad de Dios, a menos que sus padres pagaran un “rescate” en el templo. Entre las familias pobres, ese rescate consistía en un par de palomas. Gracias a un par de estos animalitos, Jesús pudo volver a casa con sus padres. Y como la liturgia cristiana celebraba ese día de la purificación de la Virgen con candelas, de ahí tomó el nombre de “fiesta de la candelaria”.
Con la acostada del niño Dios, pero sobre todo con la “levantada”, se asocia la ingestión de tamales salados y dulces, con diferentes rellenos, champurrado y por supuesto, los tradicionales buñuelos.


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