Crónica de Torreón

Baile y música “provocativos”

El estudio de la mentalidad como forma más o menos homogénea de una percepción de la existencia y que es compartida y asumida por un grupo social constituye una de las vertientes historiográficas más fascinantes que se pueden abordar. Supone que un grupo social comparte una manera de percibir la realidad, de hacerla propia. A la vez, comprende las diversas maneras de expresar dicha percepción en la vida cotidiana de los miembros de ese grupo. Los bailes “libertinos”, los cantos “léperos” cargados de referencias sexuales que actualmente muchos denunciamos y criticamos (desde el “buen gusto” y la “moralidad”) como propios de grupos musicales “nacos”, con seguidores igualmente “nacos”, parecen tener una tradición cultural bastante remota. Un edicto del obispo de Durango, firmado en 1817, prohibía los bailes y las danzas “desenvueltas”, así como los versos y el canto “provocativos” en el amplio territorio de su diócesis, que incluía la Comarca Lagunera de Coahuila y Durango, Chihuahua, Durango, Sonora y Sinaloa. “Desenvoltura” significaba en esa época “desahogo”, “desvergüenza”, “liviandad”. Su equivalente latino era “impudicia”, “procacidad”.   El Dr. Juan Francisco de Castañiza González de Agüero, marqués de Castañiza y obispo de Durango, firmó dicho documento el 3 de febrero de 1817.  ¿Existía realmente en la diócesis de Durango, o al menos en algunos lugares de ella, una crisis moral suscitada por la “obscenidad”, “lascivia” y “desenvoltura” de los fieles? ¿O se trata simplemente de un “edicto de oficio” de un obispo recién elevado a la cátedra? Los obispos eran los encargados del tono moral de los habitantes de sus diócesis. Propio de la jerarquía católica de su época era condenar como vergonzosas, y por ende, pecaminosas, las expresiones públicas que implicaran, directa o indirectamente, la sexualidad del ser humano. Subsistía en la cultura de la época la percepción de la naturaleza humana como una dualidad alma-“buena”, cuerpo-“malo”, así como la percepción de una antítesis cristianismo-paganismo, es decir, una visión de la realidad en blanco o negro, sin grises ni matices. O virtud, o pecado. A continuación, por el interés que posee, transcribo algunos fragmentos del mencionado edicto, usando la grafía moderna para evitar problemas de lectura.    “Nos el Doctor Don Juan Francisco de Castañiza Gonzalez de Agüero, Larrea y Lapuente, marqués de Castañiza,  por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica Obispo de esta santa Iglesia, del consejo de su Majestad, etc. etc. = El sagrado ministerio Episcopal que sin méritos nuestros acaba de confiarnos la Divina Providencia, nos impone como uno de nuestros primeros deberes, el de velar atenta y continuamente sobre la integridad de las costumbres de nuestra cara grey. Nada podemos, nada debemos omitir para alejar de ella cuanto la pueda alterar y corromper. Son de esta clase, nadie lo puede dudar, los bailes, y las danzas torpes; los versos y cantos lascivos; aquéllas con los modales, y éstos con el lenguaje de las pasiones más vergonzosas; unas y otras son el desahogo de un espíritu sumergido en la carne, cuyos tiros son tanto más temibles, y tanto más funestos, cuanto son más tiernos y halagüeños. Así lo convencen la razón, la religión y la experiencia”.  “Con toda la autoridad que nos dio el Espíritu Santo cuando nos constituyó en el Obispado para el gobierno de la Iglesia de Dios, prohibimos las palabras obscenas, los bailes y danzas desenvueltas, y los versos y cantos provocativos”. “Dado en nuestro Palacio Episcopal de la ciudad de Durango, firmado de nos, sellado con nuestras  armas, y refrendado de nuestro infrascripto secretario de cámara y gobierno, a primero de febrero de mil ochocientos diez y siete años = Juan Francisco Obispo de Durango. Es copia sacada a la letra del que vino a este Curato para su publicación. Parras 20 de julio de 1817. Jose Antonio de Irigoyen”. 


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