Acentos

¡Hemos vencido al dolor!

El hijo de Charles Darwin, el botánico Francis Darwin, dijo: “En el ámbito de la ciencia, el crédito de un descubrimiento se adjudica a quien primero convence al mundo, no a quien primero tuvo la idea”. La tumba de William T. G.  Morton dice así: “Inventor de la anestesia. Antes de él, las cirugías eran una agonía. Gracias a él se eliminó el dolor de la cirugía. A partir de él, la ciencia domina el dolor”. El Dr. Morton no descubrió nada, pero convenció a medio mundo de la eficacia del éter durante una cirugía que realizó en el Hospital General de Massachussets en 1846. En esos años, por lo menos tres estadounidenses estaban involucrados en investigaciones  con el éter y óxido nitroso; uno de ellos era dentista; resulta obvio el terreno doloroso en el que se desarrollaba esta profesión. El dolor fácilmente alejaba a los pacientes. Horace Wells, un dentista de Connecticut, se percató que un voluntario de sus experimentos saltaba de risa mientras inhalaba el óxido nitroso; luego Wells hizo que un compañero suyo le extrajera una muela mientras inhalaba oxido nitroso, sin sentir dolor alguno. El Dr. Wells utilizó y experimentó también con éter, pero finalmente se decidió por el óxido nitroso, porque era inflamable y no producía vómitos. Luego Wells persuadió al Dr. John Collins (Fundador de la revista prestigiosa The New England Journal of Medicine) para que le permitiera hacer una demostración pública con óxido nitroso, en el mismo Hospital General de Massachussets, en un quirófano que estaba cubierto como una bóveda de cristal. Al primer intento del bisturí el paciente bramó de dolor; y los testigos abuchearon y gritaron ¡Fraude! Puede haber sido que el Dr. Wells administrara poco anestésico, aunque el paciente confesó luego que en realidad no había sentido dolor, pero que si se había asustado al ver el bisturí. Un año más tarde el Dr. William Morton le pidió a su colega el Dr. Collins que le permitiera usar éter en una cirugía de mandíbula tumoral. La cirugía se realizó en publico, el paciente inhaló el éter con una esponja, perdió el conocimiento y no se recuperó hasta que el Dr. Morton terminó de extirpar el tumor de la mandíbula. Cuando se le preguntó al paciente si había sentido dolor, este contestó que solo había sentido como si le estuvieran afeitando con un rastrillo.
“Caballeros, esto no es ningún fraude”, dijo el Dr. Warren ante un público enmudecido. Después escribiría: “El estudiante de medicina que visite este hospital, lo hará con un mayor interés, pues recordará que aquí se realizó la primera cirugía bajo anestesia; una de las demostraciones mas gloriosas de la ciencia”. La noticia se expandió por todo el mundo rápidamente. Un cirujano alemán llegó a decir: “El maravilloso sueño de alejar el dolor de nosotros se ha hecho realidad. El dolor debe ahora arrodillarse ante el poder del hombre, ante el poder de los vapores del éter”.
El Dr. Wells, quien realmente descubrió el éter, se angustió por el triunfo del Dr. Morton; Wells sufrió una crisis nerviosa y se deprimió, luego solicitó, sin éxito, que se le reconociera como descubridor. Los colegios médicos lo rechazaron. El mismo intentó encontrar un anestésico más poderoso que el éter, experimentó con cloroformo y se hizo adicto. Bajo los efectos del cloroformo atacó a dos prostitutas, para después suicidarse. El Dr. Wells se quitó la vida justo antes de recibir una carta de la Sociedad Médica de Paris en la que se le reconocían todos sus méritos por su Gran Descubrimiento: La anestesia.
El Dr. Morton, sin embargo, continuó recibiendo todos los créditos por sus “descubrimientos”. Morton pasó el resto de su vida intentando patentar el éter, para ganar dinero; ya que no podía patentar el oxido nitroso, un gas que el no había inventado. Morton enmascaraba el éter con fragancias de naranjas y lo llamaba Letheteon, haciendo referencia al olvido. Morton murió así, en el olvido y empobrecido. Con el nacimiento de la anestesia ya ningún paciente tuvo que ser amordazado y sujetado por cuatro personas para que no se moviera durante la cirugía. Aun así muchas iglesias cristianas se opusieron al uso de la anestesia durante los partos porque contradecía el mandato divino: Parirás con dolor.



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