Acentos

Vademecum

Hasta hace pocos años, el afán de los profesionales de la salud radicaba principalmente en “mantener vivo” al paciente. Una vez fallecido el enfermo, parecería que la labor del médico había terminado. Sin embargo, esto está muy lejos de la realidad. Mitigar o aliviar el dolor y sufrimiento provocados por la enfermedad es una de las funciones fundamentales de los médicos; pero esa función, lejos de desaparecer con la muerte del paciente, se presenta con los familiares y amigos más cercanos. Los familiares se van del hospital con sufrimiento y dolor, con sentimientos encontrados, confundidos, enojados, frustrados y tristes. Lo que no saben los familiares es que algo hay de todo eso también en el médico tratante.
Este tipo de situaciones resalta aun más la labor del personal dedicado a la tanatología. Entre la gente involucrada en la tanatología podemos encontrar personal diverso, no es indispensable ser un profesional de la salud para capacitarse en tanatología.  
Lo sorprendente es que a pesar de la necesidad tanatológica o de apoyo de duelo ante la enfermedad y la muerte, la mayoría de los hospitales no incluye ese apoyo en la atención de los pacientes y familiares. Y en los pocos hospitales públicos y privados donde se cuenta con tanatologia, se llega a ofrecer el servicio tanatológico como optativo; como si el familiar y el paciente tuvieran la opción de estar o no en duelo. Lo ideal es que el apoyo tanatológico se diera por sistema, sobre todo para aquellos que tienen que ver con cáncer, pacientes graves, SIDA, pérdida o amputación de alguna extremidad, etc etc. y también para todos aquellos que sientan la necesidad de ser apoyados en su duelo - incluyendo médicos-.
La eliminación del dolor y sufrimiento provocados por la enfermedad y la muerte ha sido una vocación histórica de la medicina. Pero debemos reconocer que durante la enfermedad van implícitos el dolor y sufrimiento; los médicos podemos “aliviarlos”, mitigarlos, pero nunca desaparecerlos. La naturaleza humana está hecha para crecer, desarrollarse, para luego enfermar, padecer dolor, sufrimiento y finalmente morir. Es ahí donde los médicos ejercen su función de prevención y tratamiento de la enfermedad, reconociendo de antemano que la curación al cien por ciento de cualquier enfermedad es difícil. Los tanatólogos, por su lado, tendrán una labor titánica, la de ayudar a superar la pérdida: El Duelo.


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