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Cardiotónico. La frialdad del médico I

Mucho se ha criticado la participación médica a la hora de informar a los familiares sobre una defunción. Por lo general la información de una defunción hacia los familiares puede llevar alrededor de 5 a 10 minutos. Para cualquier médico es sumamente difícil dar este tipo de información. Luego de dar esta información el médico suele alejarse del sitio o lugar donde se encuentra. Este alejamiento casi inmediato y la premura  de las palabras sobre el fallecimiento, hacen ver al médico como una persona fría, indolente, alejada e inhumana.
Pero ¿a qué se debe esta “frialdad” del médico en tales circunstancias? Los médicos están formados tradicionalmente en búsqueda de la vida, y en esa búsqueda intentan erradicar la enfermedad y evitar la muerte. El estudiante de medicina entra a la facultad con ese objetivo: “salvar vidas”  y esa idea se va cada vez más encarnando en el médico durante toda su formación. Esta puede ser una de las razones principales por las que los médicos se sienten derrotados al perder un paciente cuando muere; muchos médicos así lo ven “la batalla contra la muerte se ha perdido”. El médico, durante su formación y entrenamiento no recibe  capacitación tanatológica; peor aun, si la llegan a recibir durante su formación, suelen menospreciarla. Esta es quizá una de las razones por las cuales los médicos no saben cómo abordar la información sobre la muerte de un paciente. Cualquier médico prefiere nunca tener que dar ese tipo de información. A ningún médico le gusta firmar certificados de defunción.
Por otra parte, algo que puede explicar también esta “frialdad inhumana” de los médicos, tiene que ver con el reconocimiento de que al perder por muerte a un enfermo, los mismos médicos entran o son parte del duelo. Esta participación del médico en el duelo del paciente fallecido, los familiares lo desconocen y los médicos tratantes también. Entonces es difícil que el mismo médico tratante del enfermo fallecido sea capaz  de ofrecer apoyo tanatológico, justo recién acaba de suceder la defunción; así las cosas, parecería que más bien el médico también necesita de apoyo  en ese sentido. El médico actual carece de formación tanatológica, y el médico tratante, al perder al paciente, también forma parte de ese duelo familiar.


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