Corredor fronterizo

El turno de Coahuila

Baja California en 1989, Chihuahua en 1992, Nuevo León en 1997, y Tamaulipas en 2016, fueron los años cuando la ciudadanía de estos estados fronterizos pudo sacar al PRI de las gubernaturas. Más temprano que tarde veremos la alternancia en Coahuila.

Nunca he estado de acuerdo con la frase trillada de que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen. Son fórmulas legitimadoras y de autocomplacencia. Es desconocer toda la ingeniería política incluidos el viejo corporativismo, la inequidad en la competencia, la operación gubernamental de los órganos y procesos electorales, la coacción, el pacto de impunidad y sus herencias en la democracia secuestrada por el sistema de partidos e instituciones complementarias como el INE.

Incurro en una contradicción, pero prefiero, aún en el escenario del partidismo, que en Coahuila gobierne otro partido diferente del PRI. Lo dije hace 16 años y me doy la razón –si no, quién más– que aunque se trataba del mismo hecho, celebré más la salida del PRI que la entrada del PAN a Los Pinos en el año 2000.

La alternancia partidista no garantiza avance en la transición democrática, pero al menos da esperanzas para desestructurar así sea temporalmente al renovado dinosaurio. En Coahuila, el PRI extiende sus putrefactas raíces hasta 1928 con el Partido Nacional Revolucionario y luego con el Partido de la Revolución Mexicana. Por ahora lo mejor que puede pasar a Coahuila es que en 2017 triunfe otro partido o algún candidato o alguna candidata independiente.

El máximo esplendor del periodo jurásico coahuilense –y no me refiero a Rincón Colorado– se da con la continuidad no sólo del mismo partido, sino de los hermanos Humberto y Rubén Moreira como gobernadores. El compromiso sanguíneo se sumó al partidista para atajar las múltiples acusaciones de que es objeto el primero. A la complicidad del segundo se agrega en días recientes la acusación de pagos millonarios a empresas fantasma. El cinismo ya no alcanza para explicar el comportamiento de estos sujetos y sus partidos. Su realidad está perversamente distorsionada y en tanto es su realidad están en lo correcto y quienes no los comprendemos somos gente desagradecida.

Si la alternancia fuera garantía, habría bastado para que en Sonora surgieran con el PAN instituciones que controlaran el ejercicio y distribución del poder político. Las fechorías de Guillermo Padrés Elías muestran que no fue suficiente el coraje de los sonorenses para sacar al PRI del Gobierno. El hartazgo de un partido o del sistema de partidos ha llevado a la ciudadanía a brincar de una cuerda a otra sin asegurarse que la elegida está bien amarrada.  

Veremos cómo les va a los tamaulipecos, estado muy castigado por viejos cacicazgos en la política, los sindicatos y en algún tiempo hasta en la universidad. La violencia asociada al crimen organizado y la incapacidad del Gobierno local y Federal han tenido en zozobra a nuestros vecinos del Golfo. Parecía que en Tamaulipas se extendería la tenebrosa presencia del PRI en el Gobierno. 

Las próximas elecciones en Coahuila incluyen, además del cambio de gobernador, la sustitución de sus 38 presidencias municipales y 25 diputados locales. El PRI ya inició la simulación de posibles aspirantes. Sabemos que tanto el gobernador saliente como la dirigencia nacional imponen las candidaturas. Sin embargo, algunos aspirantes priistas (aún) no han acudido a estas pasarelas. La posibilidad de candidaturas independientes ronda estas elecciones. Ya veremos si los rebeldes se ponen por encima de sus intereses personales y partidistas, o terminan disciplinándose a la vieja, pero vigente usanza del sistema de partidos.

Profesor-investigador de El Colegio de la Frontera Norte en Monterrey