Articulista invitado

Desarrollo de competencias y productividad

Se ha elevado significativamente la escolaridad promedio de la población, se ha extendido también la cobertura en educación media superior y superior, y se aprobó una reforma de gran alcance que está en proceso de implementación.

Elevar la productividad se ha convertido en un tema de moda, y de gran importancia, por los efectos que tiene en el desarrollo económico. Uno de sus principales componentes es el factor humano o la productividad laboral: cuánto valor agregado produce un individuo por cada hora de trabajo.

Cualquiera pensaría que con el aumento en la escolaridad de la población mexicana y con todos los avances tecnológicos, la productividad de las personas ha crecido significativamente. Sin embargo, los indicadores muestran lo contrario.

En una jornada laboral de ocho horas, un trabajador mexicano produce prácticamente la misma cantidad de valor que hace 20 años1.

¿Qué estamos haciendo o dejando de hacer que nos está impidiendo ser más productivos, generar más valor en menos tiempo? Son múltiples las posibles explicaciones y se han escrito sendos estudios al respecto, pero una de las que escuchamos con mayor frecuencia es que para elevar la productividad es necesario mejorar las competencias de los mexicanos.

El concepto de competencias blandas (en inglés conocidas como soft skills) se refiere a los conocimientos, habilidades y actitudes que contribuyen a un mejor desempeño en los diferentes ámbitos de la vida.

Las competencias no solo incluyen aspectos cognitivos, sino también capacidades interpersonales como valores, motivaciones y actitudes, que ayudan a lograr un buen funcionamiento en el trabajo y en la sociedad.

Para mejorar las competencias de los mexicanos se requiere un enorme esfuerzo tanto en el plano educativo como en el mercado laboral.

En México se han dado pasos importantes en la dirección correcta. Se ha elevado significativamente la escolaridad promedio de la población, se ha extendido también la cobertura en educación media superior y superior, y se aprobó una reforma educativa de gran alcance que ya está en proceso de implementación. Además, nuestro país es el único en América Latina que cuenta con un sistema educativo basado en competencias establecidas de acuerdo a estándares ocupacionales.

Sin embargo, el reto es inmenso, ya que a pesar de estos esfuerzos, el capital humano en México aún dista mucho de contar con las competencias necesarias para desempeñarse con mayores niveles productividad en el mercado laboral.

Una encuesta hecha por el Cidac sobre competencias profesionales a 481 empresas del país encontró que la demanda por ciertas competencias supera la capacidad para desarrollarlas, es decir, a escala nacional existe una brecha entre la oferta y demanda de competencias de 26 por ciento.

El estudio revela también que las empresas se enfrentan a una escasez de competencias básicas, como por ejemplo comunicación oral y escrita2.

Para enfrentar este desafío, se debe desarrollar una política de desarrollo clara, en la cual se definan los sectores estratégicos con mayor potencial de crecimiento, las competencias necesarias para cada uno de estos sectores, así como los programas de estudio indicados para generar esas competencias.

Es igualmente importante realizar un esfuerzo decidido en todos los niveles educativos para mejorar las competencias blandas de los mexicanos, es decir, la capacidad de comunicarse, de hablar en público, de trabajar en equipo y de adaptarse a diferentes circunstancias, entre otras.

Finalmente, es fundamental que el sector privado realice una mayor inversión en la capacitación para el trabajo. Los mexicanos reciben muy poca capacitación una vez que ingresan al mercado laboral. Según la Encuesta Nacional de Empleo y Educación de 2009, solo 37 por ciento de los trabajadores activos habían participado en algún programa de capacitación a lo largo de su vida laboral3.

Para aumentar la productividad del capital humano, en una economía donde la innovación es un factor clave de éxito, se deben actualizar constantemente los conocimientos y competencias para mantenerlas alineadas a las necesidades del rol y del entorno organizacional. Esto exige un compromiso tanto por parte de las empresas para impartir programas de capacitación y formación, como de los individuos para seguir aprendiendo a lo largo de la vida.

1. Accenture, México: El poder de la productividad y la alta innovación, México, 2015. p. 8.

2. Cidac, Encuesta de competencias profesionales 2014, México 2014, p. 19.

3. BID, Construyendo un sistema de aprendizaje a lo largo de la vida en México, 2014.

*Presidente y director general de Laureate México, la red de universidades privada más grande del mundo. La UVM y la Unitec forman parte de esta red internacional.