Sin rodeos

La justicia y la paz exigen mucho más

La historia de la recaptura de Guzmán Loera colinda con la novela, lo anec-dótico, la fantasía, la comedia, la farsa y la tragedia que envuelven a un ser humano, a los suyos y a México entero.

Ojalá dejemos a un lado reacciones y comentarios que sean simplemente laudatorios o mal intencionados, que a nada valioso conducen, y sociedad y gobierno enfrentemos debidamente ese cáncer al que se suele llamar crimen organizado.

Es patético, por ejemplo, lo que se cuenta de un funcionario de mediano nivel que, al conocer la noticia y hallándose en un acto oficial, henchido de patriotismo entonó el Himno Nacional y fue seguido —no sin sorpresa— por los demás asistentes.

No debemos recurrir, tampoco, al viejo truco dialéctico de tomar la parte de la historia —real o imaginada— que más nos acomode para emitir sentencias sesgadas y maniqueas. Por eso, la recaptura en comento no puede desligarse de sus aprehensiones y fugas precedentes, ni del entorno criminal, social y económico en que se ha desempeñado, así como de las consecuencias que habrán de seguir con motivo de lo recientemente sucedido.

Algunos comentarios que estimo pertinentes:

1. El Estado mexicano es más fuerte que el más fuerte de los criminales. Si varias veces se ha fugado, otras tantas ha sido llevado a prisión, y hoy por hoy está enjaulado con más celo que fiera alguna, para que responda ante los tribunales.

2. Si ante el considerado más peligroso enemigo de la sociedad, que ha sobrevivido a las matanzas entre grupos delincuenciales, el gobierno optó por el trabajo de inteligencia, como era su deber, para llevarlo ante la justicia, deja certeza que no tenemos un gobierno asesino que quisiera silenciarlo.

3. El Estado mexicano no ha sido más fuerte que el crimen organizado, ni lleva una estrategia que nos conduzca a suponer que pronto lo será. Cierto que nuestras fuerzas armadas —con heroico sacrificio— han llevado a cientos y miles de delincuentes a la cárcel o al panteón, pero muchos miles más se hallan en las calles cometiendo todo tipo de crímenes.

4. Con la recaptura el gobierno paga a la sociedad una deuda “imperdonable”; no obstante, quienes queremos un México próspero y pacífico debemos exigirle mayores y mejores resultados, en el entendido de que en el micromundo de cada ciudadano está buena parte de la tarea por la justicia, el progreso y la paz.

5. Si de estado de derecho hablamos, lo más difícil está por realizarse: decomisar las fortunas de las organizaciones criminales. De lo contrario el país seguirá siendo CHAPOTITLÁN.

6. Sobre la extradición, el gobierno deberá considerar múltiples factores, entre ellos la información que necesita obtener de primera mano, y que el mayor riesgo actual no es otra fuga, sino que lo asesine la mafia.

7. No demos espacio a psicópatas que aprovechan cualquier suceso para injuriar a quienes piensan o actúan diferente, y procuran la división y el encono entre los mexicanos, pretendiendo justificar así su enfermiza ambición de poder.