Sin rodeos

Es imperativo ético

Los africanos y haitianos que están llegando por Tapachula y San Luis Río Colorado o los varados en Tijuana que buscan asilo humanitario en Estados Unidos son seres humanos en infinita desgracia. Han logrado sobrevivir en sus largas y penosas travesías y vienen huyendo del hambre, las enfermedades y las armas que los matan. Igual se trata de familias enteras que mermadas y dispersas.

Esos migrantes —como millones en otras partes del mundo— merecen ayuda inmediata y requieren decisiones eficaces de los países de tránsito y de destino, así como de la comunidad internacional. Por lo que a nosotros toca, no olvidemos que el trato que les demos a ellos será el que podamos exigir para los nuestros en el país vecino.

México tiene una noble tradición: ha sido protector de los desplazados y perseguidos, acogiéndolos con verdadera solidaridad humana, y ha recibido de esos extranjeros inmensas riquezas, de todo orden, en tributo de gratitud.

Cierto que toda migración tumultuaria, hambrienta y desesperada genera graves problemas para los países que la recibe temporal o definitivamente, pero también es fuente de riqueza y no debemos dar la espalda al dolor de quienes todo perdieron, menos la ilusión y el derecho de vivir. No vienen por caridad, sino a demandar trabajo y oportunidades.

El problema no se resuelve con torpes acciones de contención o francamente represivas, se requiere que los países ricos —que en buena medida lo son por prácticas depredadoras y políticas abusivas— inviertan donde hay miseria, para evitar la huida de los desplazados. También se necesita que los países con insuficiente desarrollo dejen atrás el egoísmo de unos y los saqueos de dineros públicos por parte de otros, para evitar la expulsión de sus paisanos. Los desórdenes económicos y políticos que prevalecen en el entorno mundial, que día con día más nos deshumanizan, son la causa.

La Secretaría de Gobernación ha dado permiso temporal a los que llegaron antes del 9 de enero de 2015 para que gestionen su asilo en Estados Unidos (lo mismo debe concederse a los que siguen llegando). También se deben procurar repatriaciones, si hay garantías de que no se les envía a la muerte y que les será respetada su dignidad.

Tal será el mejor destino para esos cuerpos y esas almas: regresar a sus patrias, unirse a los suyos y trascender en los lugares de donde nunca debieron ser arrojados por el egoísmo y la barbarie.

La naturaleza del ser humano lo ha llevado desde sus orígenes a buscar nuevos y más amplios horizontes en busca de mejores condiciones de vida y, también, a conquistar conocimientos, territorios, poder y riquezas. Hablamos aquí de los que huyen de la maldad humana. Recibirlos con el corazón es imperativo ético.