Sin rodeos

La gran conspiración

Nada más prometedor que esa gran conspiración. De manera figurada puede llamarse así, pues busca terminar con el odio y la violencia que campean en el suelo patrio.

Me refiero a la excelente columna de Adriana Malvido (MILENIO, 14 de mayo) titulada: “Conspiración femenina por la paz”, porque ese fue el grito de ellas.

Adriana se refiere al movimiento denominado MADRES PATRIA MX, que a media calle y a la luz del día se hizo escuchar con el formidable pronunciamiento de que la educación y la actitud frente al mundo se construyen en casa.

Sí, a la escuela corresponde fundamentalmente dotar de instrucción a los alumnos, de inducirlos y conducirlos al conocimiento científico-tecnológico y hacerlos aptos para competir; pero la estructura ética y cívica de los individuos, para que sean verdaderamente sociables, se construye en el seno del hogar.

Podrán ser auxiliares en la implantación de esos valores las iglesias, las escuelas y otras instituciones intermedias, pero nada sustituirá al ejemplo que dé la familia.

Por eso el apoyo que merece el naciente movimiento. ¡Ojalá no se pervierta!

Se trata de mujeres que lejos de asumirse sumisas y abnegadas se saben con poder y se unen para tejer la paz, por ellas y por sus hijos.

El rezago científico y tecnológico explica en buena medida el porqué de la pobreza; el abandono en el que se hallan las escuelas y los verdaderos maestros que están a cargo del Estado —quien privilegia a los violentos— es una de las principales causas de la desigualdad; y los valores éticos y cívicos que deben inculcar los padres con frecuencia son sustituidos por ejemplos perniciosos.

Si las instituciones públicas no cumplen satisfactoriamente con su deber; si miles de desposeídos, cansados de padecer tropelías que vienen de centurias, optan por el atajo de la violencia y para ella “educan” a sus hijos; y si en no pocas familias “acomodadas” o “poderosas” el éxito se mide en dinero y el apego a la ley obliga únicamente cuando sirve para acrecentar la riqueza, queda claro por qué México tiene generaciones perdidas y a qué se debe la pobreza y la violencia que azotan al cuerpo social.

Por eso es de enorme valía y altamente gratificante que un grupo de mujeres cante en la calle contra la indiferencia y el miedo, es un potente rayo de luz que ilumina el final del túnel de odio y muerte por el que dolorosamente transitamos más de 100 millones de mexicanos.

Hace ocho días sostuve en esta columna que mientras haya madres como las dos negras de Baltimore, que reclaman justicia para sus hijos pero exigen el cese de la violencia callejera, algún día el mundo será mejor. Estas mujeres mexicanas lo confirman al convocar a dar la madre de todas las batallas, y ojalá sea la batalla de todas las madres, porque “la educación y la actitud frente al mundo se construyen en casa”.

De poco servirán maestros, leyes, policías, ejércitos, jueces, cárceles y balas si las familias no forjan auténticos ciudadanos. La responsabilidad de los gobernantes no excluye la nuestra.

 

ADENDUM. Mi sincero pésame para Jairo y toda su familia.