Sin rodeos

Que le suceda como a los burros

El resultado de las elecciones estadunidenses sacudió al mundo y no pronto se recuperará la calma.

Frente a la algarabía de los que votaron por Trump, gobernantes de muchos países, analistas profesionales y ciudadanos de todas partes hemos deambulado entre la sorpresa, la frustración, la incertidumbre, el agravio, el temor, el pánico y la coincidencia de la necesidad de defendernos.

Algunos consideran que no es para tanto, que aquel país tiene instituciones que frenarán al primate, que las demás potencias le disputarán los mercados y todas las decisiones que impliquen dominio. Además dicen que aquel país también necesita de México. Lo indiscutible es que solamente el tiempo dirá las consecuencias de la nueva amenaza.

En tal escenario, México —entendido como pueblo y gobierno— debe aprovechar el desafío para crecer en el concierto internacional y, por ende, superar su histórico papel de víctima.

Padecemos, entre otras, dos perversidades: 1) culpar al exterior, a los fuertes, a los extranjeros de todas nuestras miserias; 2) como consecuencia, le rendimos culto a la derrota. El fuerte es, por definición, malo; el débil es bueno por naturaleza. No reconocemos en otros —nacionales o extranjeros— el mérito del estudio, del trabajo, del tesón para superarse, del valor para enfrentar la adversidad.

Lo cierto es que aquejan al mundo problemas mayores que el huracán Trump. Apunto dos: (1) la desglobalización de la globalización. El mundo gira de regreso a los Estados-Nación, con sus variantes y especificidades. Muchos países tienden a cerrar sus fronteras porque la globalización ha traído, a la par, progreso y pobreza, con todo lo que ello implica. (2) Me refiero a lo que magistralmente ha llamado el ministro de la Suprema Corte José Ramón Cosío “la pendiente de la institucionalidad”. En todas partes, los pueblos están insatisfechos con sus instituciones. Entiendo que el ministro se refiere a las instituciones públicas. Yo creo que el rechazo y la agresión es contra todas, trátese de la familia, la escuela, las Iglesias, los sindicatos, la policía, las que procuran o imparten justicia, los partidos políticos y los gobiernos, etcétera. Todas están en el paredón de fusilamiento. Pero no nos equivoquemos, debemos cuidar que no sean peores las consecuencias de nuestros enojos que las causas que los provocan.

Próximamente abundaré en el tema, por lo pronto considero como inaplazable y principal la tarea de fortalecer a nuestras instituciones. De lo contrario todo nos conducirá al caos.

Por cuanto a Trump se refiere, no será extraño que le suceda (como a muchos políticos) lo que a los burros: cuando andan sueltos reparan y rebuznan a placer, pero la carga pesada les pandea el lomo y los hace andar torpemente y despatarrados.