Sin rodeos

Por mi parte, está bien

Sumarse, con información suficiente, al repudio ante un acto de gobierno es lícito y puede ser un deber ético. Sin ese requisito hallaremos incomprensión, manipulación o mala fe.

Los atropellos de muchos gobernantes tienen a la sociedad lacerada, oprimida y en busca de cambios radicales, principalmente porque buena parte de la llamada clase política sigue haciendo ostentación obscena de abusos.

La actual turbulencia nuevamente acredita que pueblo y gobierno viven y reaccionan en función de las coyunturas. Cada problema se analiza, juzga y decide de manera aislada, ignorando algunas veces las causas mediatas e inmediatas que lo generan, y sin valorar diversas posibilidades y sus consecuencias. Por eso surgen ocurrencias, desatinos, confrontaciones y queda insatisfacción permanente, nutrida de verdades a medias y mentiras totales. De unos, para justificar sus yerros; de otros, para embaucar; quedando en medio ciudadanos de buena fe.

No estaríamos en esta situación si se hubiera evitado el despilfarro criminal de los recursos petroleros, y si el grupo dominante no se hubiera negado por décadas a la reforma energética reclamada por la realidad nacional e internacional, por personas informadas y por el Partido Acción Nacional. Esa reforma que como medalla se atribuyen los que antes la bloquearon.

Muchas acciones son urgentes. Destaco las siguientes: primera, reprimir con la mayor energía el latrocinio de muchos de la plutocracia, así como los robos tumultuarios y los actos vandálicos que día con día sufre la sociedad; segunda, que el gasolinazo y el alza en electricidad —que son medidas rectificadoras— afecten más a quienes más tenemos, que se dé apoyo al transporte público —aunque ya deduce fiscalmente el costo de los combustibles— que se focalicen los subsidios a la clase media y más pobre, que se evite el robo anual de combustibles por más de 40 mil millones de pesos, y el impago de una cantidad incalculable de energía eléctrica.

Me parecen bien, en lo esencial, algunas razones del Presidente para justificar su decisión, como evitar mayor déficit o endeudamiento gubernamentales o mayores impuestos o dejar de prestar servicios sociales básicos e imprescindibles. Pero cuando un gobierno trae el santo de espaldas, sea por las razones que fueren, todo se le complica.

Así pues, frente a la desastrosa situación de las finanzas públicas y la miseria creciente, reclamemos del gobierno evitar dispendios y desfalcos, dar buenos resultados no excusas, aplicar la ley y hablar con la verdad. No más, no menos.

Con dolor por los que resienten la medida, esta bien que yo no reciba más ese subsidio.