Sin rodeos

Un cartel en el Periférico

Cuando usted viaja por el Periférico de la Ciudad de México rumbo a Querétaro tiene ante sus ojos miles de anuncios que ofrecen los más diversos bienes y servicios, pero hay un cartel diferente. No anuncia, denuncia; no ofrece, reclama; expresa la rabia, la impotencia y el dolor de casos similares. Ese cartel me remonta a veinte años atrás, y le diré por qué: aparece en él la fotografía de un hombre que fue secuestrado, MANUEL SERRANO VALLEJO, líder del Movimiento Antorchista Nacional. Se sabe que a ese grupo se le acusa de un sinnúmero de despojos de tierras y frecuentes actos violentos en desafío de particulares y de gobiernos, pero eso es un asunto aparte. Si los Antorchistas han cometido delitos que se les persiga conforme a la ley pero sin atentar contra sus derechos fundamentales. Lo cierto es que un ser humano desapareció hace más de siete meses —el mismo tiempo que yo estuve sepultado en una tumba clandestina— y ese hombre debe regresar. Así lo exige la agrupación de que forma parte y así lo debemos exigir todos. Nada puede justificar un acto abominable y nadie debe ser indiferente ante él, trátese de quien se trate.

Le decía que ese cartel me lleva al año de 1994. Después de ser acribillado en el aeropuerto de Guadalajara el Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, a días de ser asesinado Luis Donaldo Colosio y estando impunes las muertes violentas de algunos indígenas en el sureste del país, como candidato del PAN a la Presidencia de la República sostuve a lo ancho y largo de ella que “México será grande el día que valgan lo mismo la vida de un cardenal, de un candidato, de un soldado y de un campesino”. Hoy resulta obligado agregar: y de todos los desaparecidos. Mientras haya un secuestrado, la sociedad se debe asumir secuestrada.

Cuando seamos capaces de sufrir como propio el dolor de los demás seremos verdaderamente humanos; evitaremos el dolor evitable y apoyaremos a las autoridades en su lucha contra los delitos de mayor impacto social. Toda sociedad indiferente ante los desvalidos termina siendo una sociedad muerta. Hasta hoy, por desgracia, las personas y los grupos suelen defender solamente lo suyo y a los suyos,  mirando con indiferencia —o aun con agrado— la lesión injusta en agravio de otros.

Pocas veces nos hallamos unidos en defensa de la verdad, del derecho y de la justicia, como bienes y valores superiores que merecen ser defendidos para garantizar el orden, la paz y el progreso; por lo general personas, familias y grupos reclaman y protestan por la agresión recibida, cuando el daño naturalmente ya se causó. Por ello la sociedad termina siendo vulnerable ante la criminalidad y las autoridades son incapaces de alcanzar resultados definitivos en sus acciones punitivas.

Decir ¡Alto al secuestro! está bien, pero es insuficiente, sociedad y gobierno no debemos claudicar en el esfuerzo diario para suprimir esa barbarie.

MANUEL SERRANO y todos deben regresar.