Sin rodeos

Reforma energética: ¿pero qué necesidad?

Por supuesto que es urgente tener una buena legislación secundaria en materia energética. Ahora bien, en democracia es legítimo, natural y conveniente disentir si para ello hay argumentos. Aprovecho para felicitar a Alfonso Cuarón por ejercer su libertad y al gobierno federal por responderle con respeto y dar sus razones.

Voy al punto. El secretario de Gobernación dijo que no debe aplazarse el trámite legislativo en materia energética. Se conoce el peso de sus palabras por lo que significa ese cargo y por las razones que las sustentan. Existe el calendario que para el efecto fue aprobado, pero adviértase que, accidentalmente o como algo a propósito, coincide con los tiempos de la próxima competencia futbolera. Lo que resulta inaceptable es sostener —como dijo un legislador— que aplazarlo implicaría detener la vida de la República. La vida de la República abarca mucho más y la propuesta no conlleva parálisis, inacción u olvido.

La razón y la sensibilidad aconsejan analizar la otra parte del tablero del ajedrez:

Si PAN y PRI consideran que, a falta de mejores argumentos, el PRD alega que se señalaron con dolo esos días para que el pueblo esté distraído, es torpe responder que eso ofende al pueblo por considerarlo irresponsable, inmaduro y blablablá.

Los opositores a la reforma jamás la aprobarán, pero será sensato conceder la prórroga y así acreditar a los mexicanos que no hay trampa en el procedimiento. Cuatro semanas no modificarán lo que ya se decidió por votación calificada y que ahora requiere de mayoría simple. Si hay razón para no modificar el calendario, que se nos diga.

La distracción de algunos legisladores por la Copa —me refiero a la deportiva— es la que debe tomarse en cuenta, es posible y probable; hay antecedentes que nos recuerdan lo inconveniente de algunas fechas para el buen desempeño de nuestros legisladores.

Aplazarla treinta días puede servir para mejorar la ley. Ciertamente hay avances importantes, mismos que comentaré próximamente; sin embargo, falta establecer, definir y precisar algo fundamental: la INVERSIÓN PASIVA. Esto es, que todo mexicano, rico o pobre, pueda invertir sus ahorros en la industria energética nacional a través de vehículos financieros especializados y seguros. Así de claro y de trascendente. Se trata de que donde van a ganar los pocos puedan ganar los muchos; que donde entrarán grandes capitales extranjeros haya lugar para los pequeños capitales mexicanos. Esta opción es de elemental justicia.

Señores legisladores: si se sabe que no llegarán de inmediato los beneficios de la apertura, ¿será irresponsable aplazar treinta días el trámite, incorporar mejoras a la ley —que ciertamente será aprobada—, y reducir quejas que, con razón o sin ella, manchen reforma tan importante? Piénsenlo. Pudo ser coincidencia que la reforma constitucional se decidiera el día de la Virgen de Guadalupe, pero una segunda coincidencia hace dudar. Evítenla. En última instancia, como dice la canción: ¡pero qué necesidad!