Sin rodeos

Poncio Pilato no fue crucificado

Procuro decir con claridad lo que pienso; sin embargo, Roberto Blancarte el pasado 14 manifestó su desacuerdo con lo que un día antes expresé, pues considera que excusé, o defendí de un “supuesto linchamiento social”, a David Korenfeld.

Le agradezco que haya leído mi columna, y su comentario me lleva a insistir en que: el mal funcionamiento de nuestras instituciones provoca hartazgo social y linchamientos mediáticos.

Recordemos que cuando se reza El Credo debe hacerse desde el principio, y no empezar diciendo: “Poncio Pilato fue crucificado, muerto y sepultado…”, porque cambiamos de Dios.

Mis frases fuera de contexto permiten concluir que excusé y defendí al ahora ex funcionario, principalmente porque las opciones de moda se reducen a dos: adular a los gobernantes o repudiarlos. No gustan las opiniones que pretendan ponderación y equilibrio al analizar los hechos y sus consecuencias. Por supuesto, nada que cuestione el comportamiento de la sagrada “sociedad”.

Por mi parte, reproduzco en síntesis y ratifico lo que escribí el pasado día 13:

1. La poca honestidad en el quehacer público, y la insuficiencia de bienes y servicios, llevan a la sociedad a encarar —como mecanismo de defensa, castigo, venganza o simple desahogo— a quienes detentan el poder;

2. El hartazgo ciudadano por las tropelías de unos hace olvidar el trabajo honesto y eficaz de miles de servidores públicos;

3. Gracias a las nuevas tecnologías hay, en todos los ámbitos, más información, conciencia y participación popular;

4. Es de gran valor pasar de la postración y la tolerancia a la denuncia veraz y valiente;

5. No es sano conformarse con la placentera y gratuita droga de los escándalos, que conducen a los denunciados al hocico de Huitzilopochtli. Se debe exigir y lograr de las autoridades castigo legal para quienes abusen;

6. Las redes sociales perdonan y olvidan fechorías que dejan deudas públicas por docenas de miles de millones, pero son implacables al combatir lo que el volador llamó “error inexcusable”, por 5 u 8 minutos en helicóptero;

7. Su salida se debió a que sustituyó, para su traslado familiar, el uso de la camioneta oficial a su servicio, por el uso del helicóptero oficial a su servicio y —repito— “lo que ello significó”.

8. Fue valiosa la denuncia, y tan pronto la autoridad determine sobre la gravedad del hecho y de la mentira, deberá sancionar conforme a la ley al ahora ex funcionario; pero reprocho que el debido proceso —administrativo o judicial— y su resultado sean socialmente secundarios; porque “la sociedad” ya sustituyó al Estado, y va por otros... ¡al fin que abundan!

9. Hay impudicia y desvergüenza en los políticos que repudiaron el hecho y usan bienes públicos para fines particulares.

10. Se debe reglamentar adecuadamente el uso de tales bienes y castigar el abuso, así como evitar criterios absurdos, pues, de lo contrario, terminarán en la calle o en la cárcel los funcionarios actuales y quienes los sustituyan. No más, pero no menos.