Sin rodeos

Informe y mensaje

El informe al Congreso y el mensaje a la Nación que el Presidente dio los días 1 y 2 de este mes fueron, en su mayor parte, reiteración de comunicados oficiales sobre los esfuerzos realizados para tratar de superar la ignorancia, la pobreza y la violencia, que —todos sabemos— constituyen un verdadero cenagal en el que se hunden y ahogan sueños y destinos de muchos millones de mexicanos.

Más allá del ceremonial en Palacio, bien cuidado y cumpliendo con el viejo ritual, no superado con la primera ni segunda alternancias, el informe —escrito y leído— tiene el mérito de reconocer lo inadmisible de los resultados alcanzados en el combate a la realidad, patógena y mortífera, de nuestra Patria.

Es innegable la migración de criminales de las drogas a otros delitos de alto impacto, como la extorsión, el cobro por “derecho de piso” y por cosechas, los “impuestos” a los comerciantes, los secuestros y los asaltos a casas y negocios. Si cada día es mayor el robo de combustibles, a lo ancho y largo del país —en tomas clandestinas y gasolineras— con pérdidas anuales por decenas de miles de millones, ¿nuestras instituciones estarán capacitadas para enfrentar lo que viene con la apertura energética?

Es buen punto de partida reconocer que los grandes esfuerzos de los diversos gobiernos han sido insuficientes, con resultados precarios, en la lucha contra el hambre, la mala educación y la brutalidad de la violencia.

Que las reformas pueden traer importantísimos beneficios para México, no cabe duda; pero se lograrán si —y solo si— organizaciones sociales (independientes del gobierno, no enemigas) vigilan el desempeño de las autoridades, les exigen honestidad, apego a la ley, transparencia y resultados; al tiempo que las apoyen, sin mezquindades facciosas y electoreras, en sus esfuerzos bien dirigidos.

No faltaron, por supuesto, entre otros, el consabido elogio para las “diversas expresiones políticas”; el merecido reconocimiento a las Fuerzas Armadas; las referencias internacionales; ni su apoyo a la reforma fiscal, que no será modificada por su gobierno; dejando entrever las repetidas manifestaciones de sus voceros que cualquier cambio, para bien o para peor, podrá hacerlo a través del Congreso.

Hubo dos novedades que vale destacar:

1. El inicio inmediato de una obra portentosa e impostergable, con un costo de más de 10,000 millones de dólares, prácticamente autofinanciable: el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, que beneficiará a todo el país.

2. Otra noticia, de mayor trascendencia aún, es el cambio ofrecido del programa Oportunidades por Prospera. ¡Por fin! ¡Por fin el gobierno parece estar decidido a dejar atrás la política simplemente asistencialista! Esa, tan consentida por gobiernos de todos los colores, que mantiene pobre al pobre, pero sumiso a la hora de votar. La propuesta implica levantar al caído y dar al hambriento más redes que pescados. ¡En hora buena! ¡Ojalá se haga realidad! ¡Será un haz de luz en la noche eterna de los miserables!