Sin rodeos

“Diálogo sí, pactos no”

Fui invitado a dar una conferencia en el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI), que es pilar del sistema político democrático.

No sirve el voto popular para la conformación directa e indirecta de los órganos de poder si éstos no actúan con transparencia, no rinden cuentas a los electores ni les protegen sus datos personales. La historia reporta la tendencia de los gobiernos a la opacidad y a conducirse como mandantes y no como mandatarios, como propietarios y no como administradores.

Dos hechos describen el ser y el modo de ser de la institución: 1)Está integrada mayoritariamente por mujeres. 2) Pone, por encima de todo, la dignidad y el honor de las personas.

Nos congratulamos de que su presidenta, la doctora Ximena Puente, afirmara: “...debemos transitar de una ‘transparencia acomodaticia’ que aún se sigue observando en algunas instituciones, a una transparencia sin miramientos, UNA TRANSPARENCIA ANCLADA EN LA CULTURA Y LA ÉTICA DE TODO SUJETO OBLIGADO” (las mayúsculas son mías).

Para arribar a estadios superiores de convivencia es impostergable que el gobierno y la sociedad emprendamos una cruzada educativa y cultural para que todos nosotros, en cargos públicos o en tareas privadas, tengamos como divisa el bien ser por encima del más tener.

En la conferencia sobre El pluralismo político en México, recordé que las riquezas étnica, cultural, ideológica, social, religiosa y política han sido inhibidas y  desperdiciadas por el egoísmo ciudadano y lo raquítico de nuestra democracia.

La pluralidad es riqueza, y da frutos buenos, si el pueblo cuenta con educación de buena calidad, con leyes justas y con instituciones limpias. Si no, la pluralidad genera disputa, parálisis y locura colectiva, donde cada uno es dueño de la verdad, atropella al débil y vive el tú o yo, en vez del tú y yo... el todos.

La democracia es la libertad de mayorías y minorías para expresarse, y la responsabilidad de todos en la toma de las decisiones.

La democracia no se colma con el gobierno de los más, sino con la concurrencia de todos en la definición de las políticas públicas. Para ello se requiere de un pueblo educado en el respeto a la ley y con valores solidarios. Tan nefasta es la concentración del poder como su pulverización. Tan perniciosos son los gobiernos que atropellan como los ciudadanos opuestos a todo lo que de aquellos procede.

Por eso preocupan las palabras del recién nombrado presidente del PRD, al declarar: “Con el gobierno diálogo sí, pactos no”.

Tal vez lo interpreté mal, de lo contrario es que esa fuerza política no se conducirá con responsabilidad democrática. El diálogo tiene sentido cuando las partes buscan acuerdos, sin renunciar a sus convicciones, que permitan sustituir atajos para pocos por caminos para todos; acuerdos y pactos honorables que, apoyados en la pluralidad, garanticen el bien ser y el bienestar de la nación. Ya basta de locos que se dicen honestos, y todo lo envenenan.