Sin rodeos

¡Cuidado! , vamos por las utilidades

He apoyado aquí, en lo fundamental, la reforma energética lograda durante los primeros años de esta administración. Reforma, por cierto, sustancialmente igual a la que desde hace décadas promovió el PAN sin éxito, por no contar con votos suficientes en el Poder Legislativo.

También he formulado reclamos a las autoridades, entre otros, por negarse a crear un instrumento financiero que haga posible la más amplia participación de los ciudadanos —por pequeña que sea en algunos casos su capacidad económica— como inversionistas en este sector. Nada impide que el gobierno abra esa que sería la mejor puerta para socializar de manera directa los beneficios de la modernidad por la que damos los primeros pasos.

Hay soberbia en quienes diseñan espacios y negocios para los grandes, bajo la ciega idea de que a los pequeños solo les corresponden dádivas a través de políticas asistencialistas, entre ellas, ¡claro!, “educación pública, laica y gratuita”, aunque sea de pésima calidad —Para los de abajo no hay más, ni merecen más. ¡Por eso hay tanta ignorancia, pobreza y criminalidad!

Pues pasemos a lo reciente: LA RONDA UNO. Hemos escuchado algunas críticas, así como la defensa seria y mesurada —sin fanfarrias— hecha por el Ejecutivo federal y su equipo. Desde quienes dicen, en ejercicio de su derecho, que se trata de un delito de lesa humanidad, hasta los funcionarios que otorgan un éxito moderado a la referida ronda y la consideran un valioso aprendizaje.

Al respecto poco he de opinar, pues si el equipo gobernante se sabe aprendiz de lo que para México son inéditas y complejas operaciones, ni a esa calidad llegamos el común de los ciudadanos.

Sin embargo, y con la salvedad apuntada, puedo decir:

1. Es débil el argumento de que fue inoportuna la supradicha ronda hecha durante la estrepitosa caída de los precios del petróleo. Basta responder que nadie sabe cuándo volverán a subir, y que México padece, también, una dramática caída de su producción que no le permite esperar.

2. No fue entreguista el gobierno federal; no se trató de una venta de garaje; los precios y condiciones fueron altos y se privilegió el interés nacional. Es un mentís para quienes auguraron que se daría entrada franca a la voracidad de poderosos capitales; prueba de ello es que de 14 licitaciones fueron asignadas dos. Porcentaje tan reducido puede tener varias explicaciones, pero se evidenció que no eran regalos.

3. El gobierno —que se reconoce aprendiz— debe informar a la población que si vamos a recibir porcentajes sobre las UTILIDADES por futuras extracciones de petróleo, cómo evitará que sus socios, hábiles y poderosos, presenten COSTOS injustificados y de difícil impugnación, que naturalmente reducirían las utilidades y, por ende, los ingresos nacionales. En esta materia tal vez no existan prácticas comúnmente aceptadas en el mundo, pues cada lugar tiene sus propias peculiaridades y costos diferentes. Hay errores “imperdonables” que tienen solución, como la fuga, pero en materia de hidrocarburos, NO.