Sin rodeos

“Comienza mal la semana al que ahorcan el lunes”

La ambición y el rencor impiden admitir verdad o acierto que no sean propios; y el miedo hace callar, y aún aplaudir, la torpeza o maldad de los poderosos.

Hay decisiones de gobierno socialmente benéficas  que son seguidas de otras que las pueden abortar. Nos hallamos en un caso así, que aún es evitable.

En efecto, una de las acciones más trascendentes de esta administración —si no la mayor— ha sido la reforma energética.

Alcanzó la mayoría calificada del Congreso federal, el voto de las legislaturas locales y el apoyo de muchos mexicanos que desde el principio exigimos la verdad, no cartas marcadas; demandamos que se fortaleciera a Pemex y a la CFE sin despido de sus trabajadores.

A eso se comprometió públicamente el gobierno. Pues ahora resulta que cuando apenas andan las “rondas” para las empresas privadas, anuncian que despedirán aproximadamente a 12 mil trabajadores petroleros; eso sí, “respetando sus derechos laborales... a una indemnización”.

¿El motivo?: “Se redujo la producción y bajó el precio del petróleo”.

Las causas invocadas son tan públicas y notorias como los graves problemas que enfrenta la empresa “propiedad de todos los mexicanos”, así como la incapacidad gubernamental para evitarle saqueos, como el robo de combustibles que según cifras oficiales asciende anualmente a más de 15 mil millones de pesos.

Un amigo me recordaba hace días que la política es, según el adagio, una ciencia de conciencia, constancia y circunstancia; y la última suele ser la preponderante.

El recorte anunciado desconoce esos principios. El país con millones en pobreza; con inseguridad en personas y patrimonios; con gobernantes acusados de incompetencia y corrupción, que buscan “recuperar la confianza”; con graves riesgos para su economía; en lucha interminable contra el crimen organizado; con grupos subversivos que hacen de las suyas con absoluta impunidad e intercambian rehenes por delincuentes; y, en ese escenario, se anuncia la “necesidad” de echar a la calle a miles trabajadores de Pemex, que cumplen y no alborotan.

Si las fallas estructurales de la empresa la llevaron a perder solo en el año de 2014 la cantidad de 264 mil millones de pesos, ¿de verdad será sensato comenzar por ahorrar únicamente 4 mil millones despidiendo a operarios altamente capacitados, que trabajan, mientras el gobierno sigue pagando a docenas de miles de maestros por vandalizar?

¿No será mejor negociar con el sindicato la modificación del contrato laboral, hacia delante, en materia de pensiones, así como suprimir la cláusula de “inmovilidad” que permite a trabajadores cobrar sin laborar cuando Pemex cierra una planta?

Hasta el tonto del pueblo les diría burlonamente: “No los corran —ya tienen muchos fierros en la lumbre—, paren uno en cada kilómetro de los oleoductos para evitar robos por 15 mil millones, y les dejará un saldo de 11 mil”.

Ese despido será injusto, absurdo y provocativo. Si los ponen en la calle ahí los tendrán. Los petroleros confiaron en la reforma y en el gobierno.