Sin rodeos

Caudillos-instituciones-caudillos/I

Vamos, peligrosamente, de regreso.

La época posrevolucionaria de los años 20 y 30 del siglo pasado, que nació sobre un millón de cadáveres, fue de caudillos y facciones que disputaron el poder político con la fuerza de sus armas, apoyados por intelectuales con ideas básicas pero con indiscutible sentido social.

El país tenía la sangre caliente, y —sin la sevicia de los grupos violentos de hoy— volvieron a los caminos y poblaciones gavillas de pícaros y bandoleros que había exterminado don Porfirio.

Las “elecciones” —así, entre comillas— eran decididas a sangre y fuego; y en más de una ocasión los votantes fueron masacrados.

Tan iban hermanadas la violencia y las elecciones que causó gran sorpresa, por insólito, el saldo de un fallecido y dos heridos accidentalmente el día de unos comicios. Por eso apareció en un diario de la época el epigrama que daba cuenta de lo sucedido:

La electoral competencia/ ya casi no tiene gracia/ hubo un muerto sin pendencia/ dos heridos por desgracia/ si sigue esta decadencia/ al diablo la democracia.

Fue Plutarco Elías Calles, hombre sagaz y violento —supuesto hijo de turco— el que, orientado por intelectuales, entendió la urgencia de transitar de los caudillos a las instituciones y fundó el Partido Nacional Revolucionario, llamado después Partido de la Revolución Mexicana, ahora PRI; con sus fallas, simulaciones y contradicciones —como venir a llamarse revolucionario e institucional— fue, sin duda, un paso de la mayor trascendencia en la vida política del país.

A José Vasconcelos, tal vez el último caudillo, que no alcanzó el poder pero sí la gloria, por su talento, valor y valores, siguió Manuel Gómez Morín —uno de los hombres de verdad grandes que tuvo México en el siglo pasado— quien promovió la creación del Partido Acción Nacional, para “mover las almas de los mexicanos” y luchar “por una patria ordenada y generosa”, con instituciones fuertes y serviciales que no dieran espacio a caudillos ni caciques, y que ellas y los ciudadanos, hombres y mujeres de buena voluntad limpiaran la vida pública de nuestra patria.

Los partidos políticos surgidos después han sido principalmente escisiones del PRI, fundados por quienes perdieron sus espacios personales en ese partido, de acuerdo con las reglas del juego que ellos mismos jugaron y, en su turno, aprovecharon; no sin dejar de explicar su salida a causa de los “desvíos ideológicos y programáticos” que imputaron a su casa madre.

Podría saturarse el Zócalo de la Ciudad de México con militantes y dirigentes del PRI que han pasado a ocupar otras trincheras. Lo excepcional será encontrar alguno que se haya escindido cuando era beneficiario directo de esa institución.

¿Cuál es la síntesis de lo sucedido al respecto y de lo que hoy vivimos después de 80 años de nuestra incipiente vida política institucional?

Si su bondad y paciencia me lo permiten le daré mi opinión el próximo lunes. Solo le adelanto que hemos avanzado mucho, pero que estamos dando un salto al pasado. ¡Cuidado!