Sin rodeos

Caudillos-instituciones-caudillos/II

—Esto es un asalto, entrégueme su dinero.

—¿No sabe usted que soy funcionario público?

—Disculpe, entonces regréseme mi dinero.

 

El mayor divertimento es propalar cuchufletas para escarnio de gobernantes, partidos políticos y líderes de todo tipo.

No sé si últimamente hayan aumentado en México y en el mundo la corrupción y la impunidad, lo que sucede es que ahora se tiene un periodismo más libre, y la nueva tecnología transmite instantáneamente imágenes, sonidos y noticias a millones de personas. Poco queda oculto, confidencial y privado. Antes, de acuerdo con el refrán, de los gatos se oía, de los perros se veía, y de las personas se sabía; ahora todo se oye, se sabe y se ve.

Las comunicaciones hacen caer reyes —como el de España—, líderes —como el del Fondo Monetario Internacional o los ahora presos de la FIFA—, gobernadores —como Reyna en Michoacán y Aguirre en Guerrero—, empresarios —como los de OHL—, etcétera; o disculpas públicas como las del presidente del INE. Antes, los escándalos eran pocos, ahora son diarios.

Además, la ironía popular es irreverente, como se advierte del chascarrillo político que dice: Si tu mujer no te da sexo, que te lo pague; el Partido Verde sí cumple. Así se castiga la locuacidad y desvergüenza que vomitan millones de spots en tiempos de campaña.

Pero vale una reflexión: Siempre será más fácil apedrear el tejado, que sustituir las tejas rotas.

Cierto que no debe cesar el reproche ciudadano al abuso de los poderosos, pero de poco servirá si queda como simple desahogo de los abusados.

Lo urgente es fortalecer nuestras instituciones, no destruirlas. Si los cuerpos policiacos están infiltrados y corrompidos, procede depurarlos y hacerlos profesionales, no sustituirlos por civiles armados, que rápidamente se convierten en bandas igualmente asesinas. Que padecemos una obscena partidocracia, no cabe duda, pero lo sensato será que la fuerza de la sociedad abra y depure esos institutos, no que apueste su resto a las candidaturas de independientes, con abanderados que durante décadas han militado en partidos políticos, y que son promovidos y pagados por grupos de poder que no dan la cara, y que dicen, a escondidas, estar hasta la madre por la conducción económica del país.

Me preguntaron sobre El Bronco, candidato en Nuevo León; respondí que poco sé de él, pero que tres verdades son claras: 1. Que vivió más de 30 años dentro del PRI, jugó con sus reglas y se benefició de ellas. 2. Que lo respalda un sector social como castigo al desempeño de los partidos políticos y del gobierno. 3. Que, de llegar, solo el tiempo dirá si resulta, o no, también, un castigo para Nuevo León. Ojalá que la broncomanía no termine en bronconeumonía.

No repugnan a la democracia las candidaturas verdaderamente independientes, pero no podrán sustituir a los partidos políticos en las tareas que la Constitución y las leyes a estos encomiendan. Será trágico regresar a los caudillos. La vida enseña que los ilusos terminan desilusionados.