Sin rodeos

“¡Ahora o nunca, señor Presidente!” (2961)

El “¡AHORA O NUNCA!”, que para Juárez tal vez decidió el fusilamiento de Maximiliano, Miramón y Mejía, hoy cobra vigencia para gobernantes y gobernados, aunque con significados y propósitos diferentes.

Hay coincidencia en que las enormes posibilidades para realizarnos triunfalmente como país se pierden por insidias, ambiciones enfermizas, disertaciones desordenadas y odios ancestrales; porque tenemos instituciones débiles, frecuentemente infiltradas por delincuentes —sean elegantes o mugrosos— que generan devastación y barbarie.

Por eso resultan impostergables rectificaciones profundas, para que la conducción de la cosa pública no sea exclusiva de la clase política, pues es nuestro deber mandar, vigilar, exigir y apoyar a ésta.

Para lograr la buena marcha de la nación es indispensable la confianza obtenida por merecimiento, no de cualquier manera. Cuando se “gana” sin merecerla, pronto se pierde, por ser producto del engaño y la simulación. Todo estafador primero se “gana” la confianza. Y como de timos se satura la vida pública, viene el repudio generalizado para políticos y funcionarios, del rango que sean y del partido que provengan, al extremo de que si alguno pide perdón por conducta propia o ajena, de inmediato será calificado de hipócrita y farsante. Pedir perdón nada resuelve, lo importante serán cambios que evidencien al ciudadano responsable, al político honesto y al gobernante merecedor de confianza.

¿Y por qué los “ahora o nunca” son diferentes?

Porque del discurso oficial se desprende que en lo esencial vamos bien, aunque sucesos inesperados y preocupantes los debamos superar rápidamente. Si usamos el socorrido símil de la nave que cruza el cielo, dirán que con este sexenio México despegó poderosamente, tomó altura, y la pericia del piloto y su tripulación sorprendieron al mundo. Las reformas estructurales de gran calado, así parecían justificarlo. No olvidemos que hace pocos meses un diario norteamericano llamó al Presidente “el salvador de México”, y no hace más de tres que el secretario de Hacienda recibió reconocimiento como el “mejor secretario de finanzas del mundo”.

El oficialismo sostiene que Tlatlaya, Ayotzinapa, la necesaria cancelación de un contrato multimillonario con asiáticos y mexicanos, así como el injusto escándalo por la casa blanca, nos hicieron entrar en “zona de turbulencia”, superada la cual, y con ciertas decisiones de gobierno y cambios legislativos, terminará la zozobra de los pasajeros. Por eso su “ahora o nunca”.

Enfrente, amplios sectores de la sociedad juzgan que hay, más allá del mal momento —en términos aeronáuticos—, “fatiga de los metales”; que la nave no está en condiciones de continuar así, y que “ahora o nunca” debemos obligar al piloto, su tripulación y a toda la clase política a rectificaciones de fondo, porque si dejamos atrás la tormenta ellos “seguirán haciendo de las suyas; se sabe que por las buenas no entienden”.

Por eso urge conciliar, necesitamos ir unidos.

 

ADENDUM. Tiene razón el secretario de Marina: es doble crimen manipular a los padres de los normalistas.