Sin rodeos

"Age quod agis" = haz lo que tienes que hacer

El sábado pasado tuve un día inolvidable en Ziritzícuaro, pequeño y pintoresco pueblo cercano a Maravatío, Michoacán. Se festejaba a un Cristo al que imploran parroquianos y cada año visitan multitudes, por considerarlo milagroso. Miles de fieles de ahí y de lejanos lugares hacían ríos humanos entre mercados, mariachis, bandas y danzantes que henchían las callejuelas. El colorido y la alegría se sobreponían a la pobreza del lugar. Comprobé, una vez más, que mucho puede ayudar la fe en Alguien Superior para acabar con rencores y resentimientos, enconos, divisiones y distancias entre ricos y pobres, entre poderosos y débiles, entre “buenos” y “malos”.

Paseaban jinetes, uno en un caballo de lo más hermoso y soberbio que he visto en mi vida… y he visto muchos de gran belleza y lozanía. Reinaba la concordia de todos en la hermandad. Esa que necesita México para superar sus desgracias y reducir los abismos entre opulencia y marginación. Esa que deja atrás el odio y la discordia que algunos atizan para imponerse y dominar. Esa tan necesaria para alcanzar unidos la justicia, la paz y el progreso.

Asistí a una misa celebrada por el cardenal —en retiro— Alberto Suárez Inda, humilde y sabio ministro, de esos que de verdad nos acercan a la Iglesia que proclama la fe en Jesucristo. Fui invitado a comer en casa de los padres del sacerdote nacido en ese pueblo, que oficia regularmente en la comunidad La Barranca, lugar que disfruto los fines de semana. Ministro serio, amable y cantador, integrado plenamente a su comunidad, que vive su vocación alegre pero sin desfiguros. Su padre, un viejo campesino que hallé vendiendo verduras en la acera frente a su casa, y que era imprescindible en el convivio con la numerosa familia y amigos, atendidos por la madre buena y laboriosa.

Esa hermosa vivencia me lleva a saludar al nuevo año con las palabras que recientemente me recordó mi dilecto amigo (dilecto quiere decir: amado con voluntad honesta y amor reflexivo) del caballero que cabalga en Rosinante desde 1604 —y que seguirá cabalgando hasta la eternidad— el Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, quien le decía a su fiel escudero: “Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobre todo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia donde quiera que estén”.

Que en 2018 Don Quijote triunfe en México y en el mundo entero.