Articulista Invitado

Con la reforma desarrollo, no depredación

Desde mi primera exposición en MILENIO sostuve que el abrir más la participación privada en el ámbito energético es perfectamente racional, recomendable y necesario.

Quedó aprobada la reforma
constitucional en materia energética

Sin negar el derecho que les asiste a personas y grupos para tratar de revertirla, lo verdaderamente urgente y de la mayor trascendencia será luchar por obtener una buena legislación secundaria. A eso convoco especialmente a quienes en un principio opinaron que debería escuchárseme y que ahora me injurian. Les sugiero que, en tanto comprueban si resultaron capaces de echar abajo la reforma, bien vale la pena que aporten sus ideas y su fuerza política para evitar que suceda lo peor: salir de un infierno para entrar a otro.

Tiene razón el gobernador del Banco de México, el doctor Agustín Carstens —que habla de lo que sabe—, cuando afirma que el éxito de la reforma dependerá de la legislación secundaria. A contrario sensu se puede decir que su fracaso podrá estar en esa legislación.

Al mismo presidente del PAN, Gustavo Madero —dirigente impulsor de la reforma—, se le atribuye haber dicho (en una entrevista en MVS): “Le vamos a cambiar el rostro a México… para bien o para mal”.

“Para bien o para mal” se dice pronto, pero se está hablando del futuro de millones de seres humanos nacidos y por nacer. No sé si se trate de una frase sacada de contexto o simplemente desafortunada, o bien la confesión involuntaria de que la reforma, en sus términos y a pesar de sus buenos propósitos, es peligrosa aventura. Por eso mi llamamiento a mirar hacia delante, de ir por una ley reglamentaria que asegure los resultados que se buscan con el cambio constitucional.

Lamento un poco, porque lo aprecio, que Jesús Zambrano me injurie y descalifique después de leer el encabezado de MILENIO del pasado día 14. No leyó el texto de mi declaración o se decidió por el viejo truco de aplaudir y denostar a conveniencia, sin rigor dialéctico.

Desde mi primera exposición en MILENIO del 2 de diciembre sostuve que el abrir más la participación privada en el ámbito energético es perfectamente racional, recomendable y absolutamente necesario, quejándome de que la propuesta de reforma constitucional dada a conocer hasta ese momento dejaba márgenes amplios e imprecisos para la legislación secundaria. Ahora bien, si en el texto finalmente aprobado encuentro que aparecen algunas de mis propuestas —porque fueron incorporadas o por simple coincidencia— que marcan la línea que deberá respetar la ley inferior, no veo contradicción alguna ni motivo para el agravio. Basta leer un buen número de los artículos transitorios de la reforma finalmente aprobada para hallar las adiciones que en buena medida acotan los riesgos inicialmente advertidos.

La reiterada afirmación de que con la reforma constitucional se va a permitir la entrada de capital privado al sector energético y que se va a entregar nuestro petróleo al extranjero es una doble falacia. En primer lugar porque el capital privado ya está hasta el fondo de la Tierra en el sector energético, lo que se comprueba con la participación de diversas empresas particulares que vienen haciendo trabajos de exploración y extracción de petróleo en territorio nacional, quedando a cargo del gobierno mexicano todos los costos y riesgos de esos trabajos; en segundo lugar porque, desde hace 75 años, la mayor cantidad de barriles de petróleo que se han extraído en México han sido vendidos y se siguen vendiendo de inmediato para empresas de otros países, sin que hayamos podido desarrollar una industria moderna que evite la importación de la mitad de la gasolina que se consume en México.

Sostuve y sostengo que “ya se acabó el tiempo en que el Ejecutivo federal, hace muchos años, era el patrón de todo un pueblo; hoy no somos súbditos, somos ciudadanos”, por eso opino, propongo y califico, aunque otros se incomoden. Lo hago por convicción y lo hago por México.

El reportero de MILENIO fue certero al destacar, respecto de mi declaración: “Aunque felicitó y expresó su apoyo a la reforma, consideró necesario cuidar que la ley secundaria en materia energética no se aparte de su propósito”.

Ese ha sido, es y seguirá siendo mi llamamiento. A todos nos espera la ley secundaria.

Ante ese reportero fustigué, con la mayor energía, la falta de respeto que los partidos políticos tuvieron para con sus legisladores en el trámite legislativo, pero esa es cuestión aparte.

Si dejar atrás el monopolio energético del Estado es motivo de alegría para muchos, impulsar el desarrollo del país y evitar la depredación es deber ético de todos.