Articulista Invitado

No entreguista ni patriotera la reforma energética

Es imprescindible que los involucrados en el tema realicen un esfuerzo extra para corregir, precisar y fortalecer contenido y alcance del proyecto, considera el panista y ex legislador.

Con el propósito de contribuir de manera honesta en la discusión que se viene dando respecto de la reforma energética y por la enorme trascendencia que tendrá para México lo que próximamente se legislará sobre el particular, acepto la invitación de Carlos Marín para exponer mi pensamiento en el contexto de lo que considero relevante del momento que viven los tres partidos políticos más influyentes, así como el gobierno y la nación, comenzando por expresar públicamente, con franqueza y buena fe, que si en mí estuviera decidir sobre las iniciativas dadas a conocer por el gobierno, por el PAN y por el PRD en materia de política energética, lo haría contra las tres, por diversas razones y sin negar lo mucho que de bueno en ellas se contiene. Esto es, considero imprescindible que las partes directamente involucradas en el tema en comento realicen un esfuerzo adicional para corregir, precisar y fortalecer el contenido y alcance de la pretendida reforma.

Primero.- El Partido Acción Nacional, a poco de haber perdido la Presidencia de la República y pasar en esa contienda a un lamentable tercer lugar, se halla en un proceso involuntario de autodestrucción, con resentimientos, vendetas y acusaciones en donde lo que más parece interesar es el poder, por supuesto con el argumento de “salvar al partido”. Junto a la pérdida de prestigio y credibilidad y a pesar de la falta de liderazgos que puedan conducir a rectificaciones de fondo que le regresen a la institución la justificación histórica que siempre le acompañó, también se advierte el esfuerzo por lograr su limpieza y fortalecimiento, a sabiendas de que no puede continuar simplemente anclado al Pacto, como salvavidas de algunos, sin obtener los réditos políticos plenamente merecidos por sus acuerdos con el gobierno y el PRD en beneficio del país.

La propuesta de reforma energética presentada por el PAN es ciertamente valiosa, de gran apertura y modernizadora, con buenos y claros propósitos, pero dejando a la legislación secundaria decisiones que colocan a Pemex y a la CFE ante graves riesgos y un futuro incierto, nada halagüeño para el país.

Segundo.- El Partido de la Revolución Democrática, sin saber capitalizar un importante segundo lugar en la última elección presidencial y con atavismos aún no superados, sigue en la confrontación de tribus, líderes y antiguos aliados que han migrado a otros partidos, quedándole como único referente real con prestigio nacional el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas. Un PRD disputándose el control de la llamada “izquierda” o “fuerzas progresistas” frente a quienes buscan desesperadamente asegurar como clientela a cuanto radical y violento se encuentren en el camino. Un PRD sinceramente convencido de lo inadmisible que le resultan ideológica y programáticamente las reformas que proponen el Ejecutivo federal y el PAN; pero también con alguna posibilidad de reconocer lo anacrónico de la normatividad jurídica vigente, coincidiendo con Acción Nacional y con el gobierno en cuanto a las desviaciones gubernamentales que durante décadas se han dado en materia energética, así como en la conducción y operación de Pemex y de la Comisión Federal de Electricidad. Lo veo frente a una disyuntiva nada fácil: retomar simplemente las banderas de Lázaro Cárdenas —tres cuartos de siglo después, contaminadas con posteriores agregados constitucionales— y resultar derrotado en el proceso legislativo, pero siendo reconocido por algún sector de la población como valeroso defensor de la soberanía nacional; o bien, decidido a utilizar su capital político y exigir al gobierno, y lograr de él, cambios y adecuaciones sustantivos que garanticen modernidad en la materia, aseguren la rectoría del Estado y su verdadera soberanía en el tema que nos ocupa. Lo veo capaz de tomar las banderas del ex presidente Cárdenas, entendidas a valor presente y evitar así con eficacia y en favor de México los riesgos evitables de una decisión equivocada por incompleta. No imagino al ingeniero Cárdenas conformándose con dar al final de su vida una lucha simplemente testimonial y anacrónica confundido involuntariamente con intereses y conductas que no comparte.

Tercero.- El gobierno ha planteado una propuesta energética política y económicamente más moderada en sus alcances y consecuencias aperturistas que la del PAN, con reiteradas referencias a Lázaro Cárdenas, que más allá del sustento lógico que las explique, no esconden una cuestionable dosis de blindaje político ante la esperada embestida de sus detractores. Da la impresión que el gobierno privilegió envolverse a su modo en la bandera histórica de la expropiación petrolera, de hace tres cuartos de siglo, para tratar de hacer creíble y popular, racional y justificada su iniciativa de reformas.

En un tema tan sensible para los mexicanos, así como complejo y trascendente, considero que el gobierno ha fallado en su esfuerzo de información y comunicación social, llevando a cabo una publicidad nada profesional que posiblemente viene aumentando la desconfianza de sectores sociales, toda vez que no se precisa el qué, el cómo y el para qué del cambio que propone pues no ha sabido emplear mensajes breves, claros y precisos que generen tranquilidad y confianza en la sociedad. A lo anterior debe agregarse el impacto de la descalificación mediática, cargada de demagogia y falsedades, proveniente de los detractores.

La iniciativa gubernamental se halla pletórica, como la del PAN, de buenas propuestas, frases y deseos, que al abrir más la participación privada en el ámbito energético —lo cual considero que es perfectamente racional, recomendable y absolutamente necesario— deja márgenes amplios e imprecisos para la legislación secundaria, poniendo en grave riesgo la sobrevivencia económica y funcional de Pemex y de la CFE, además de dejar en manos de una mayoría simple del Congreso de la Unión cuestiones verdaderamente trascendentes, pudiendo quedar en letra muerta el texto constitucional.

Cuarto.- La nación. Hay en la población una idea bastante generalizada de que las empresas en manos de los gobiernos suelen producir burocracias torpes, costosas y corruptas y que las empresas en manos de los particulares por lo general son mejor administradas, más eficientes y rentables, pero nada solidarias y con frecuencia voraces y depredadoras,

Como consecuencia de lo anterior y por la poca información y conocimiento de los ciudadanos respecto de la industria energética, se advierte en ellos sentimientos y percepciones encontrados: por una parte, el reconocimiento de la urgencia y justificación de cambios legales, así como la necesidad de adoptar nuevas estrategias y definiciones en la política energética y, por la otra, gran desconfianza ante lo que puede llegar a ser la explotación irracional y abusiva de recursos no renovables —como lo son el petróleo, sus derivados y el gas— produciéndose una dependencia mucho mayor de México frente al exterior y quedando a la deriva como país, con todas las consecuencias funestas que ello implicaría.

Además, vivimos un momento social caracterizado por la irrupción de grupos beligerantes que, conformados por cientos y miles de activistas, han venido desafiando a las autoridades con actos violentos que terminan en absoluta impunidad. Grupos éstos preparados y decididos para continuar con su comportamiento punible a sabiendas del miedo de algunos gobernantes a ser calificados como represores por aplicar la ley y evitar la barbarie, seguros de que el Estado responderá a sus atropellos con mesas de diálogo y dinero. Se trata de grupos generalmente dirigidos por líderes sin escrúpulos que se aprovechan de la realidad social injusta, caldo de cultivo para la desesperación y el resentimiento de millones de seres humanos que han vivido un doloroso pasado y que han perdido el respeto y la confianza a la ley y a las instituciones, precisamente porque se saben sin futuro, apostando solamente a la impunidad o a la muerte. Se saben socialmente muertos.

Esta síntesis de la realidad anteriormente expuesta obliga al gobierno, partidos políticos, dirigentes y sociedad a corregir, completar y mejorar las propuestas de cambios constitucionales y legales en materia energética con la celeridad que el tiempo impone, exigiéndonos ser capaces de escucharnos con respeto, con apertura intelecto-volitiva y despejados de protagonismos, poniendo en lugar relevante solamente a México. Ojalá podamos coincidir en que para lograr una auténtica reforma energética se deberá partir de tres prioridades: la primera, Pemex y la CFE; la segunda, Pemex y la CFE y la tercera, Pemex y la CFE; todo lo demás vendrá por añadidura. Si garantizamos de manera efectiva la vida, la salud, la fortaleza, la modernización y la competitividad de estas dos empresas de gran esencia y estirpe nacionalista estaremos garantizando, como consecuencia, la rectoría del Estado mexicano y su verdadera soberanía en materia energética.

Quinto.- ¿Qué medidas concretas propongo, en borrador y para su discusión, con el propósito de evitar la falsa disyuntiva de mantenernos en el pasado o abrirnos de manera irresponsable a mayor participación del sector privado nacional y extranjero? ¿Cómo decidir el camino que nos permita el mayor acercamiento y, aún, en lo posible, el apoyo de personas con calidad moral, conocimientos y buena fe que hasta hoy son opositores radicales a las iniciativas del gobierno y del PAN?

De manera simplemente enunciativa son:

1. Para que Pemex pueda ser competitivo, como lo desean las iniciativas que se discuten, como lo reclama la sociedad y como lo requiere México, lo primero que debe hacer el gobierno es asumir como propia y exclusiva, sin dilación ni plazos, la deuda que por concepto de pensiones tiene Pemex por un monto aproximado de cuatrocientos mil millones de pesos. Se trata de una deuda histórica acumulada y acrecentada como consecuencia de las políticas a las que se ha sometido indebidamente a la institución. Si esa deuda sigue gravitando como parte relevante de su pasivo, la empresa estará fuera de toda competencia y terminará siendo solamente chatarra en venta. Lo mismo podrá suceder con la Comisión Federal de Electricidad.

2. Pemex y la CFE deberán tener libertad en la contratación de personal calificado para evitar la fuga de talentos que se dará por la entrada de empresas competidoras.

3. Deberá haber transparencia total en la asignación de contratos a Pemex, a la CFE y a los particulares.

4. Deberá establecerse de manera inequívoca la verdadera autonomía administrativa, de gestión, financiera y presupuestal de Pemex, sin dejar al arbitrio anual de la Secretaría de Hacienda y de la Cámara de Diputados las asignaciones que se han venido estableciendo en el Presupuesto, así como suprimir en favor de la empresa el aberrante cobro anticipado de impuestos no causados.

5. Deberá determinarse con toda exactitud su régimen fiscal sobre la base que todo ingreso adicional del Estado por la llegada de capitales privados en el ámbito energético deberá implicar su equivalente, o una proporción considerable, para la reducción inmediata de la carga fiscal de Pemex hasta igualarla con la de sus competidores. Lo mismo deberá hacerse, en lo conducente, con la CFE.

6. Se deberá analizar la conveniencia y la posibilidad de incorporar, con las adecuaciones que resulten procedentes, la cláusula Calvo en la contratación del gobierno con extranjeros.

7. Simultáneamente a la discusión de las posibles reformas constitucionales deberán discutirse y concretarse los textos precisos de las legislaciones secundarias para Pemex y la CFE, así como los modelos de contratos con los particulares.

8. Deberá especificarse que todo el petróleo y el gas antes y después de ser extraídos del subsuelo serán propiedad exclusiva del Estado mexicano y solamente una vez que se hallen en la superficie el propio Estado dispondrá de ellos, conforme a la Constitución, a la ley reglamentaria y a los contratos celebrados, como mejor considere en beneficio del país.

9. Deberá especificarse en la reforma constitucional que Pemex y la CFE son y seguirán siendo propiedad exclusiva de la nación y que el Estado y las leyes protegerán su fortaleza, modernización y competitividad, para garantizar así la más eficaz rectoría del Estado mexicano y la soberanía nacional.

10. Deberá analizarse la posibilidad de que conforme al párrafo quinto del actual artículo 28 constitucional, o en los términos que lo establezca la reforma, el Estado mexicano, a través de Pemex y de la CFE o por medio de otros organismos o empresas del Estado, pueda constituir sociedades anónimas promotoras de inversión en las que se garantice al Estado su rectoría e ingresos por ventas, impuestos, derechos, productos, aprovechamientos, regalías, dividendos, etc., y a los inversionistas privados se garantice la dirección, administración y operación de las empresas en que participen en términos de ley, así como las contraprestaciones que contractualmente les corresponda por sus inversiones, desempeño y resultados.

11. Deberá analizarse la conveniencia de agregar un artículo transitorio a la reforma constitucional para establecer que el Estado mexicano, en una primera etapa claramente definida y a partir de la entrada en vigor de la reforma, solamente podrá celebrar con terceros los contratos de exploración y extracción de petróleo y sus derivados que permita la propia reforma y su ley reglamentaria en una zona o superficie del territorio nacional expresamente delimitada, a fin de que se comprometa solamente ese espacio como prueba piloto, en el entendido de que cualquier ampliación de superficie, antes o después de vencido el plazo y una vez ponderadas las consecuencias reales de la apertura parcial que inicialmente se permita, requerirá del voto que para toda la reforma constitucional se exige del Congreso de la Unión.

Este precepto transitorio producirá dos efectos de la mayor importancia: primero, le permitirá al país vivir la realidad de un cambio trascendente comprometiendo en un primer momento solamente una parte reducida de sus riquezas y superficie; segundo, dará cierta tranquilidad a los actuales detractores de la reforma al reconocer que los impulsores de ella están decidiendo con prudencia, responsabilidad y patriotismo, dándose la posibilidad de hacer en tiempo y forma las rectificaciones que exijan la experiencia vivida y el bien de la nación.

Para los fines de este comunicado resulta innecesario describir todo aquello que con acierto ya se contiene en las iniciativas y propuestas del gobierno federal, del PAN y del PRD.

Adicionalmente, he de señalar que además de las ventajas y seguridades que pueden resultar para México de la incorporación de estos y otros cambios en la reforma energética que se discute, el no hacerlos aumentará la crispación explicable en grupos que genuinamente no consideran aceptables y sí peligrosas o dañinas las propuestas del gobierno y los partidos en los términos que se han dado a conocer.

No omito manifestar que la misma determinación con la que hasta aquí me he pronunciado será la que me lleve a rectificar en todo aquello que a mi conciencia le exija la razón.

No olvidemos a docenas de millones de seres humanos brutalmente empobrecidos que no pueden esperar más; hagamos bien la reforma, se puede y se debe hacer bien, así lo merece México. Hacerla mal o no hacerla será trágico.