Sin titubeos (NO USAR)

Tragedia y lucro político

En medio de la tragedia provocada por la naturaleza y de la masiva respuesta de solidaridad ciudadana para apoyar a las víctimas, han surgido voces discordantes que no ocultan su intención de sacar raja política.

El actual no parece ser el mejor momento para desplegar estrategias en ese sentido ni andar a la caza de responsables porque eso no contribuye a la solución de problemas y obstaculiza una visión serena para acercarse incluso a las propuestas.

Pero ese es el discurso, al que se añade la situación económica que sin duda muestra signos recesivos porque estamos inmersos en una crisis de la que no se saldrá hasta dentro de cinco años. Esto en caso de que el entorno internacional no se sacuda otra vez, algo que analistas no descartan y apuntan como blanco de inestabilidad a naciones consideradas como mercados emergentes, como la nuestra.

También la inseguridad y la actuación del crimen organizado forman parte del inventario que ha colocado al gobierno federal como cabeza de negro.

Por si hacía falta, está la movilización de los maestros en el Distrito Federal y otras ciudades en contra de la reforma educativa, así sea en beneficio del desarrollo de los propios educadores, terminando con privilegios.

Y para rematar, está la discusión en torno de la reforma fiscal, que ha levantado polvo entre diversos sectores de la sociedad. Todo mundo pide más presupuesto para esto, para aquello y para lo otro, pero nadie quiere asumir el costo político que eso implica. Las necesidades parecen así más políticas que orientadas a atender los reclamos sociales.

Con todo esto, la oposición ha apuntado sus críticas contra el gobierno federal, en donde el partido político en el poder no ha terminado de cubrir un frente cuando ya tiene otro abierto, muchas veces vacilante, sin atinar a dar respuesta.

Lo lamentable de esto es el lucro político en un momento de emergencia, cuando la desgracia tendría que obligar a abrir espacios para proponer alternativas.

No se está viendo nada en materia de ecología, por ejemplo, un tema que se omite frente a las causas naturales del desastre; mientras, los maestros insisten en llamarse víctimas y hablar de privatización educativa cuando no hay tal, en vez de abonar a un cambio para una mejora sustancial en la enseñanza.

Es igual en el rubro económico, donde se habla de destrozos pero se elude el entorno internacional todavía inestable y las correspondientes propuestas para salir del problema; y así por el estilo están las cosas en los demás departamentos.

Por eso, ojalá que durante el mes que se inicia, los actores políticos muestren un perfil mucho más constructivo y generen un ambiente menos crispado y tenso, lo cual no quiere decir que hay que renunciar a la crítica ni a la autocrítica, siempre saludable cuando está acompañada de la propuesta y no del lucro que todo lo ensombrece.