Sin titubeos

Ante un viejo fantasma

Frente a la persistente debilidad de nuestra moneda frente al dólar, que en lo que va del año ha caído 10 por ciento para situar la paridad en 19.45 pesos por una unidad norteamericana, el gobierno federal y el Banco Central tendrán que hacer algo frente a ese fantasma que ronda ya por la economía: la inflación.

Trátese de ataques especulativos, que nunca faltan; trátese de la caída de los precios del petróleo, de la desaceleración en la economía China, etc., el caso es que las autoridades no pueden darse el lujo de que la situación se les escape de las manos y tendrán que adoptar otras medidas ante ello.

El belicismo comercial de las grandes potencias del mundo, en eso que se llama "Guerra Geopolítica" entre Estados Unidos y Rusia y sus respectivos bloques nacionales, y que consiste en ejercer el dominio a cualquier precio -en este caso, los recursos energéticos como el petróleo, el gas y sus derivados- están dejando su carga de naciones heridas, más sobre las economías emergentes, que resultan más que simples países damnificados.

La devaluación forma parte de esos daños y, por supuesto siempre genera ese fenómeno inflacionario, contrario a los que a veces se dice, y ofrece tanto oportunidades como problemas; a esto último obedecen las muestras de nerviosismo en los mercados financieros, amén del terror de ciudadanos que ya comenzaron a ver cómo se evaporan sus mínimos ingresos a la primera salida al tianguis o a cualquier otra tienda.

La subasta diaria de millones de dólares, que suma ya cerca de 29 mil millones de dólares, no solo significa que una cuarta parte de las reservas se "esfumó" en el afán de frenar la caída de nuestra moneda, sino que ha resultado una medida insuficiente.

Esto quiere decir que, mínimo, habrá dos personajes de la vida pública a los que les tocará bailar con la más fea o mancharse el traje por lo que seguramente tendrán que hacer y han anticipado, como para que el ramalazo no sea de bulto.

Uno de ellos es el titular de Hacienda, Luis Videgaray, al que le tocará sin duda revisar el presupuesto para aplicar un recorte, que algunos piden que sea de hasta 200 mil millones de pesos, y otro el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, para elevar las tasas de interés, como se hizo en el reciente diciembre, al pasar de 3 a 3.25 por ciento, sin esperar esta vez a que la "Fed" de Estados Unidos lo haga.

Esto para contener alteraciones mayores en la "volatidad" y la devaluación, que irían aparejados a brotes inflacionarios que, ante la situación actual, provocarían algo parecido a una carnicería financiera y una debacle.

Nadie quiere que las cosas profundicen su estado actual, sino que en forma gradual se vayan sorteando, dando certidumbre y, principalmente, protección a la economía de las familias.