Sin titubeos

Otro tipo de “trata”

Desde hace tiempo su figura estuvo en la mira de todos, pero esta vez las cosas llegaron al extremo. Al interior del PRI eran variadas las voces que alertaron casi de manera sistemática sobre la situación y tampoco se hizo caso.

Envuelto en el escándalo, sin embargo el ex dirigente del tricolor en el Distrito Federal, Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, no ha sido objeto de una acción legal por la presunta red de prostitución al interior de ese instituto político.

Como siempre sucede en este tipo de asuntos, un trabajo periodístico, dejó al descubierto que en el PRI del DF se contrataba a jóvenes como edecanes, con la condición de que tuvieran relaciones sexuales con el líder, quien es presentado como un ser inescrupuloso, abusivo de su cargo, que utiliza una institución y ldineros del erario para satisfacción personal.

Esta no es la primera vez que se le involucra en este tipo de actividades. Por lo que se ha difundido, sus andanzas se saben desde hace más de una década, cuando era diputado local en el DF y dirigente del Movimiento Territorial.

Independientemente de las pasiones de cada cual, y la responsabilidad que éstas imponen, o de la falta de ella, el hecho es que el viejo partido no puede darse el lujo de continuar auspiciando, como hizo en otros años, supuestos liderazgos por aparentes beneficios electorales.

Todos saben que en la capital del país, la izquierda ha sentado sus reales y le ha arrebatado la hegemonía electoral -y también corporativa- al organismo que encabeza a nivel nacional César Camacho Quiroz.

¿Por qué tener al frente entonces a un personaje de una reputación más que dudosa? ¿Era necesario? ¿Cuántos votos podría redituarle al PRI este "liderazgo"? Honestamente: ¿se acabaron los cuadros priistas en el DF? ¿Ya no da para más?

Aún en estas condiciones, no es tolerable enviar sin más a cualquiera que, incluso con mucho dinero, haga de los cargos públicos partidistas su propia agencia de satisfacción.

El "junior" Gutiérrez de la Torre, hijo de Rafael Gutiérrez Moreno, asesinado ex líder de los pepenadores de los basureros de Santa Catarina, en la Zona Oriente del DF, y de Guillermina de la Torre, había podido presumir, gracias a la fortuna de sus padres, que él no necesitaba dinero público para pagarse sus apetitos.

En eso muchos podemos estar de acuerdo: cada cual puede gastar su dinero en lo que quiera, en procurar sus complejos de la mejor o peor manera, derrocharlo en la compra de sexo si se quiere, que para eso lugares sobran en el DF, a toda hora.

Pero esta vez lo agarraron con los dedos en la puerta, utilizando su cargo y prerrogativas de un ente público, que en teoría pertenece a la sociedad, funciona y debe servirle a ella, para complacerse.

Por ello se habla de que incluso podría ser procesado bajo la nueva ley de trata de personas si las denuncias van más allá del impacto mediático, si esto no se agita nada más en el mero escarnio público, en la sanción moral que en estos y otros muchos casos no sirve de nada.

El PRI ya debía haber entendido que el modelo corporativo con dirigentes como el citado, que un tiempo le dio fortaleza y presencia, hoy resultan más que un estorbo.