Sin titubeos

Entre lo público y lo privado

Los problemas están a la vista: dónde queda lo público y lo privado en las esferas del poder y del ciudadano; hasta dónde los límites para informar y qué cantidad de información debe ser difundida, previa jerarquización de los acontecimientos.

Servidores públicos y políticos en general recurren a redes sociales para publicitar sus actividades públicas, pero también a su ámbito privado. Así el público se entera de cosas y hasta de situaciones escandalosas que antes, sin esa herramienta, quedaban confinadas a espacios íntimos. Claro, luego culpa a los medios.

Un ejemplo entre muchos: el caso de un político neoyorquino, fuerte candidato a la alcaldía: presumió sus intimidades en una red social y vio caer sus bonos dramáticamente. Canceló su participación electoral y ahorró a sus adversarios el trabajo de una campaña negra en su contra. Ni el periodismo más amarillista debió intervenir.

Entonces: ¿Hay, en el caso de los políticos, límite para la libertad cuando ellos mismos han renunciado a los beneficios establecidos?

Desde hace algún tiempo en política se ha optado por figurar en publicaciones sociales y de espectáculos. Esto se ha dado incluso sin que hayan mediado las nuevas tecnologías.

Los ciudadanos muestran en sus páginas personales en redes sociales información que, en teoría, tendría que responder a su ámbito personal, con cierta confidencialidad, pero se han arriesgado a ventilar de todo, con lo que evidencian una modificación sustancial en su comportamiento y forma de vida con la tecnología.

En resumen, si la ética periodística y su deontología se ven sometidas a cuestionamientos y se demanda su presencia en determinados campos de la vida pública y social, se debe a que la pertenencia de las costumbres y de los valores tradicionales ha perdido su perfil de evidencia y los criterios frecuentes para establecer qué es bueno o qué es malo, son objeto de controversias.

Más allá de la competencia por la noticia y de la legítima aspiración comercial por la publicidad e, incluso, al margen de la libertad regulada, está el periodismo que se ejerce con responsabilidad, busca informar con veracidad, objetividad y respeto a la dignidad del ser humano, incluso cuando éstas no han consolidado sus creencias ni definido sus horizontes.

La deontología básica de la actividad periodística no puede ignorar vaivenes políticos, democráticos o sociales pero, ante todo, debe prevalecer su perfil responsable pues, como advierte Fernando Savater, "las circunstancias tienden a convertir la decencia humana en un sueño impotente y la ética lo que intenta es devolverle su poder, su fuerza, a ese sueño de la decencia humana".

La ética periodista es, no hay duda, parte vital en ello.