Sin titubeos

La omisión de lo obvio

Justas o injustas, mesuradas o excesivas, la lluvia de criticas a las autoridades por la fuga del criminal Joaquín Guzmán Loera (a) El Chapo parecen agotarse en exigencias que apuntan más al árbol que al bosque. No está mal que se demande la pronta captura del prófugo, la limpia de un corrupto sistema penitenciario y hasta judicial.

Pero es necesario ir un poco más allá, a las causas de todo este círculo que nada bueno ha dejado y que tiene que ver con la penalización de la producción, distribución y hasta consumo de los enervantes; esto último más para justificar el trabajo policial y de jueces, al llenar cárceles de consumidores inocentes, que de combate frontal.

El debate al respecto ha quedado solo en intento con cálculos políticos, antes que una iniciativa seria, rigurosa, para poner fin a casi medio siglo de calamidad, derroches millonarios, sangre y muerte, desde que a Nixon se le ocurrió considerarlas, por sus convicciones religiosas, como actividades delictivas.

El mundo ha atendido poco a poco el pésimo enfoque punitivo con funestos resultados y en algunos países han optado por el "mal menor".

En México ya debíamos aprender y corregir después de casi nueve años de violencia extrema, sanguinaria, con daños colaterales a ciudadanos, ejecuciones masivas, el deterioro de las instituciones -no solo de autoridades locales, policiacas, sino el Ejército y La Marina-, ministerios públicos y jueces coludidos en la industria del narco y un largo perjuicio en la vida pública.

Pero no. Algunos sugieren que hay que dejar las cosas como están y proponen ir contra el dinero del narcotráfico y estrangularlo.

No servirá mucho, salvo para asestar golpes aislados y mediáticos, porque el mundo financiero internacional es opaco y no se sabe si las transferencias son de operaciones comerciales o lavado de dinero.

Si hubiera claridad, no solo los narcos, sino muchos de sus "lavadores" ya estarían por lo menos en medio de la condena pública.

Frente a esta ola de fracaso y sangre, habría que golpear a la producción y comercialización del narco, quitarle el monopolio, es decir despenalizándola.

Esto se ha omitido, a pesar de la barbarie y de los miles de millones de dólares y de pesos desperdiciados para combatir al narcotráfico, y de las evasiones criminales, tanto de delincuentes como de recursos públicos, producto de un sistema que debe darse la oportunidad de modificarse a sí mismo.

El Panal, según su dirigente nacional trae en su agenda la despenalización, ojalá lo tomen con seriedad.