Sin titubeos

El obispo de Apatzingán

Michoacán, como otros puntos del país, vive momentoscomplicados. La violencia criminal, la actuación incluso hasta cómplice de loscuerpos policiacos locales, hacen que la gente pierda la confianza.

Por ello el gobierno federal ha decidido meterse,enviando a las fuerzas armadas. Ya tomó el control de Lázaro Cárdenas,desarmando a la corporación policiaca. Y por cómo están las cosas, lo menos quese puede esperar es que haya un despliegue más amplio para mitigar lasituación.

Los señalamientos del Obispo de Apatzingán, Miguel PatiñoVelázquez, realizados el día 15 del mes pasado en una carta ala Conferencia delEpiscopado Mexicano, fueron duros por venir de un alto representante de unsector importante de la sociedad, pero no falsos al afirmar que en Michoacán sevive un “estado fallido”.

¿Quién podría desmentir que cárteles criminales como LaFamilia, Los Zetas, Nueva Generación y los Caballeros Templarios, se disputan aesa entidad como si fuera un botín?

¿Alguien podría refutar al religioso cuando asegura queen esa tierra hay cobro de cuotas, extorsiones y secuestros, y de que gobiernosmunicipales y la policía están sometidos o coludidos con el crimen organizado?Ni los mismos curas, que en otros años merecieron cierto respeto por parte delos criminales, se han salvado de las agresiones.

Lo señalan los textos de Los Reyes Malditos, de MauriceDruon: todo se derrumba, incluso la grandeza, cuando los ineptos se suceden enla cúspide del Estado. Cualquier propósito de unidad se desintegra frente a lamediocridad, provocadora de tragedias, mencionan.

Como se sostiene en esas obras, ante situaciones como lasdescritas en la vecina entidad es imposible aspirar a una patria y a lajusticia, fundamentos definitivos de un estado, de una nación.

El envío de tropas, así como la protección que se ha dadoal obispo por parte de efectivos de la Policía Federal para evitar que seavíctima de algún atentado, son el punto culminante de la imagen de algo que nopuede llamarse un estado soberano, libre, ni gobernado por autoridades garantesde nada.

Esto es exactamente lo que describió el obispo en sucarta entregada a la jerarquía de su iglesia. Por eso se han elevado voces paraque el Poder Legislativo federal, en particular el Senado de la República,intervenga.

Porque, además, en todos los diccionarios, legales y nolegales, el terrorismo dista mucho de ser una colección de actos vandálicos,episodios aislados, como ha intentado hacer creer el gobierno estatalmichoacano.

La realidad, como siempre, termina por imponerse. Ojaláel Ejército mexicano recupere para la sociedad un estado que merece una mejorsuerte y días de tranquilidad, espacios casi olvidados en la cotidianidad de laviolencia. Estos días lo vivimos en el Estado de México en Huehuetoca yChimalhuacán.