Sin titubeos

Una misión que cumplir

Está por concluir 2014 y es en estos días en que los seres humanos ensanchamos los espacios para privilegiar la convivencia familiar y expresar los mejores deseos.

El trabajo o estudio, la búsqueda de uno o la espera del otro, eso que a veces hasta con fastidio se resume en un término no menos molesto como "obligación", momentáneamente se transforma en un deleite.

Así tendría que ser diariamente pero no es fácil, sobre todo en las grandes urbes, con sus grandes concentraciones poblacionales que imponen una movilización de locura. Con millones de personas en las calles con paso apresuprado para llegar a sus centros de actividades o abordar el transporte cada vez más insuficiente y caro. O aquellos que, también por millones, están puestos al volante y no ven la hora de que se consuman las interminables filas de vehículos en casi todas las vialidades, convertidas en enormes estacionamientos, incluso si son de cuota.

Problemas no faltan. Contratiempos tampoco. Y en ese transcurrir de la vida cotidiana, con ese acelere diario, a veces se olvida que como personas hay misiones importantes que cumplir.

Una de ellas, como dice un buen amigo, es empeñarse en ser feliz. Menudo encargo, pues no hay empresa más ruda que esa, si se entiende como una actitud de disfrute de cada momento, en el cual la tolerancia respalda propósitos de armonía en un mar de divergencias, donde cada cual ve al mundo según su cristal.

Creo que mucho de esto se ha perdido en una era vacía donde el consumo y el pretender llegar más rápido, ha sepultado, de a poco, al "ser" de carne y hueso que fue diseñado para vivir acompañado de otros seres iguales a él.

Hasta los sabios consejos de nuestros íconos vernáculos hemos cargado en sus ataúdes: el chiste no es llegar primero, sino saber llegar.

La tecnología ha aportado en todo esto, con ese mundo cibernético y las redes sociales, pero por esas deformaciones de que gusta el ser humano para contribuir a su ensimismamiento, a su propio aislamiento.

Ojalá que esta temporada de fin de año, esta noche en reunión con familiares y amigos, recordemos las misiones que tenemos como seres humanos, como padres, como hijos, sobrinos, nietos, etc., y también como amigos o conocidos, y que se haga todo lo necesario para cumplirlas.

Por suerte los momentos de regocijo no son un producto empaquetado, listo para la venta, porque sin duda habría filas enormes para hacerse de uno y estaríamos peor que el Robinson de la isla tras el naufragio.

Esto quiere decir que cada cual debe construir su propio camino para alegrarse la vida, sin olvidar a los demás.

Desde aquí, lo mejor para todos nuestros lectores, colaboradores amigos y ciudadanos en general.