Sin titubeos

En contra de la intolerancia

Los representantes de la jerarquía del clero católico, así como los del resto de religiones, están protegidos por la ley en cuanto a la independencia de pensamiento que garantiza un Estado laico; por esa misma razón, estarían obligados a respetar a los demás.

Creo que el voto emitido en 12 entidades del país está más allá del castigo que pudiera generar una iniciativa encaminada a para favorecer los matrimonios igualitarios, como han vertido voceros católicos, y de esto se busca sacar la respectiva raja política para tratar de atajarla.

Además, no hay estudio que permita saber hasta dónde influyó la actuación clerical para orientar el voto ciudadano, pero es momento de enarbolar banderas de cara a compromisos electorales de mayor envergadura y reforzarlas.

El asunto es que la jerarquía católica ha salido al debate en torno de la homosexualidad y los matrimonios entre personas del mismo sexo. En sus órganos de difusión denunció que desde hace años se ha puesto en marcha "un programa cuidadosamente diseñado" para transformar la mentalidad de la sociedad en torno de la homosexualidad, y también que la organización Mundial de la Salud (OMS) dejó de considerarla como una enfermedad psiquiátrica.

Todo esto, más debates sobre el tema, han modificado la conducta de los ciudadanos que antes lo rechazaban en automático, según los representantes eclesiásticos.

Comprensible postura; sin embargo, choca justo con un tema que no es nada nuevo, que ha alcanzado cierta relevancia en la agenda pública, entre los propios fieles de esa fe y que, por tanto, debe debatirse pero sin que eso signifique caer en extremos que promuevan discriminación y homofobia.

Exacerbar en uno u otro sentido el ánimo de la gente no es lo mejor para nadie, y ejemplos recientes permiten reflexionar sobre las consecuencias que ello llega a generar.

La matanza de Orlando, Florida, ha servido para que autoridades y personajes de la sociedad de Estados Unidos recurra a su propio "chupacabras": el terrorista Estado Islámico, al tiempo de reconocer veladamente las inclinaciones homofóbicas del autor de la misma, aunque a decir del padre de éste, fueron parte importante y lo llevaron a hacer lo que hizo.

El hecho, como es notable, ha alejado también del debate la facilidad con la cual un individuo puede adquirir arsenal como si fueran juguetes didácticos, protegiendo la industria bélica al alcance de todos.

Por todo ello, hay que evitar dispersiones e intolerancias con intencionalidades político-religiosas, y centrar el tema en el ámbito que corresponde: el del interés público y de sectores que reclaman su existencia legal, con sus deberes y obligaciones.