Sin titubeos

La batalla ética en el PAN

La elección interna del PAN del domingo en la que Gustavo Madero consiguió la reelección, no parece el cierre de un capítulo de disputas intestinas. Las posturas de los contendientes dejan esa impresión cuando, de un lado, se asegura de la necesidad de una batalla ética y, de otro, el reclamo de que no se puede construir sobre odio, agravios u ofensas.

¿Cuál es esa batalla que requiere el blanquiazul para enderezar el rumbo luego de perder todo en las elecciones de 2012? Parte de la respuesta se tendrá en la conformación del nuevo CEN, ya que si bien Madero Muñoz ganó, la fuerza de su adversario, Ernesto Cordero, no es para desestimarse.

Un 57 por ciento para el vencedor contra 43 por ciento del vencido habla de un cierto equilibrio de fuerzas, sin mayorías abrumadoras, que tendrían que estar dispuestas a abandonar la falsa creencia de que, como en el fútbol, da lo mismo ganar por uno que por cinco goles.

Si la conformación del nuevo CEN no se refleja ese equilibrio, seguro la batalla ética encontrará un argumento: el discurso de la "camaradería castrense", de la unidad, habrá sido sólo eso.

Un lástima, porque todo gobierno requiere de oposiciones fuertes que permitan un quehacer político generador de consensos.

De un tiempo a la fecha el PAN no ha enviado a la sociedad mensajes más que en sentido contrario de lo que sus dirigentes se proponen. La unidad ha generado fisuras difíciles de cerrar, el combate a a corrupción no se ha dado incluso en las mismas filas -ahí está el caso del Estado de México, con un partido depredado en sus finanzas-, y un nuevo acercamiento con los ciudadanos simplemente ha resultado una ficción debido al enquistamiento de grupos.

Los panistas no han aceptado que, además de los espacios de poder público, lo que más ha perdido son los referentes que les dieron alguna identidad en otros tiempos, incluso cuando debutaron en las lides del poder público, cuando varios podían presumir su honradez y su altitud de miras, antes que su ambición por figurar en otra nómina o cargo de representación popular.

El debate de las agendas públicas, las discusiones que alimentaban sus propósitos, las convenciones y asambleas, todo ha quedado en episodios que sólo en ocasiones, como en la elección de dirigencia nacional reciente, se ponen en práctica. Pero esto no sucede ya en los estados y menos en los municipios, justo donde se iniciaba toda esa batalla entre polemistas, sostenida por principios y por causas, no metas cortoplaceras ni prontistas, promovidas ahora por grupos que han llevado al PAN a donde está.

Sin duda, los panistas tienen mucho qué revisar respecto de su actuación ética en el ejercicio del poder, de su relación con las demás fuerzas políticas y de su oferta y cercanía con los ciudadanos que se sienten decepcionados y traicionados.

Y más les vale, porque sería un error esperar a que los demás se equivoquen para presentarse así como una opción, en vez de corregir los males que impulsaron para llevar al PAN a porcentajes de votación mínimos, de oposición marginal, testimonial, como sucedió en los comicios del Estado de México en 2011. Lo que siguió en 2012, sólo fue la confirmación del mal interno.