Sin titubeos

Entre amores y odios

Buena parte de la narrativa histórica mundial del siglo XX, y de la primera década del XXI, quedaría incompleta y no permitiría procurar su comprensión si en ella no se incluye la figura de Fidel Castro Ruz, por supuesto con los amores y los odios que despertó.

¿Fue un héroe que mutó en villano? ¿Fue un dictador o un personaje carismático que ejerció el poder hasta que la edad lo doblegó? ¿Cuba fue libre cuando él arribó al poder o fue el clásico "quítate tú para ponerme yo", que también conocemos merced a la actuación de nuestros revolucionarios de inicios del siglo pasado?

Un personaje que ejerció el mando durante casi medio siglo en una nación no es fácil de comprender ni de ubicar en un rango establecido, pues además se apartó del guion de los modelos clásicos ya que heredó el poder, no lo retiraron balas golpistas ni su cadáver fue sacado a rastras, golpeado o vejado en la plaza pública, como fue el caso de varios que de abanderar la libertad pasaron al totalitarismo.

De lo anterior hay ejemplos para llenar páginas enteras, contando incluso detalles de defenestraciones asesinas como las de Mussolini, o la de Muhamar Gadafi más recientemente.

El de Fidel Castro no es el caso. De hecho, hasta ahora nadie ha aportado evidencias que permitan ubicarlo al lado de siniestras figuras como las de Pinochet o Videla, cuya mención está ligada no a la cancelación de derechos fundamentales del individuo, sino a múltiples asesinatos y vergonzantes carnicerías, un requisito indispensable del dictador consumado.

Esto no quiere decir que Fidel Castro haya sido "un ángel de Dios" ni mucho menos. Fue un ser humano complejo, igual que su historia y su concurso en ella, el cual una y otra vez desmintió obituarios difundidos casi desde que llegó al poder.

Por eso y mucho más, Fidel Castro tendría que ser visto con rigurosa lupa, antes que con fobia, por todos aquellos que se presumen demócratas, sobre todo en esta época de desencanto democrático y de instituciones desfallecientes frente a poderes no constitucionales; ahí está el crimen organizado.

La razón es que si es cierto lo que se dice del "socialismo" cubano, sobre todo la miseria y pobreza de los isleños, engendro de una sola voluntad, los modelos de convivencia democrática bajo sistemas de libre mercado y de la renovación de cuadros dirigentes no están mejor ni peor.

Para colmo, si se buscan comparaciones maniqueas con el último acto de Castro Ruz, que fue heredar el poder a su hermano Raúl, se verá que la configuración de oligarquías es una de las propensiones de los demócratas, que también han promovido la reelección sin comprender pasajes cruciales de nuestra historia, llenos de sangre justo por la estrangulación de otras aspiraciones.

Como se sabe, del odio al amor hay un paso, y viceversa, pero estos terrenos públicos lo que más requieren es análisis y reflexión.