Sin titubeos

Tierras de cuidado

La buena fama suele capitular ante la mala. Tal llega a ser el peso de ésta, como en el caso de la violencia y los asesinatos. Las felicitaciones y hasta reconocimientos internacionales a funcionarios de primer nivel concedidos en los últimos días, quedan así reducidos a las labores cotidianas del cabildeo diplomático para promocionar a nuestro país ante al mundo; es decir, de casi de carácter anecdótico, sin mayor efecto.

Y mientras nuestros vecinos, en la figura del presidente Barack Obama, por un lado nos extienden una mano -la derecha-, cargada de felicitaciones por quién sabe qué tantas proezas políticas, con la otra -con la siniestra- el Departamento de Estado descarga el puño para censurar la situación de violencia criminal que se vive en el país.

Postura ambigüa, Estados Unidos emitió una alerta sugiriendo no realizar viajes a varias entidades, llamando a extremar precauciones y trasladarse de día y en vías aisladas. Les preocupa lo que sucede en las zonas fronterizas, pero le han puesto la "estrellita" a estados como Jalisco, Nayarit, Sinaloa, San Luis Potosí, Guerrero, Coahuila, Nuevo León, Zacatecas, Tamaulipas, Durango, Colima, la más que "caliente tierra" de Michoacán y el Estado de México.

Sí, todo puede ocurrir en cualquier parte y en cualquier momento como dicen, pero en esas entidades "el crimen y la violencia son problemas serios y pueden ocurrir en cualquier lugar", según la alerta emitida allende el agua.

Michoacán, pasto en llamas con olor a vacío de poder, zona que alcanza dimensiones de guerra civil; el Estado de México ya dio muestras también de que las disputas, principalmente entre cárteles de droga, las van a dirimir a su estilo, ese sanguinolento proceder que forma parte de la narco-cultura de exportación y que, lamentablemente, identifica a nuestro país en buena parte del globo.

Comienzo de año al son de la mortuoria tartamuda, el territorio mexiquense registró casi tres decenas de asesinados en unos cuantos días, algo que hace un año no se veía. Repentinamente, parte de la geografía estatal es sacudida por la presencia de la muerte de manera reiterada y en la peor de las formas. Uno tras otro, como pan de molde a rebanadas.

Tal vez a eso obedezca la creación de la figura de "vocero de seguridad" estatal, para de una vez ir tratando de atenuar el impacto, aunque el asunto no está tanto en el tacto o en la estrategia para abordar los asuntos criminales ante la sociedad, sino en desplegar un combate efectivo contra el crimen, una operación que ponga a la delincuencia a raya y ofrezca espacios de paz a la gente.

Porque no es ninguna novedad que se diga que en la entidad operan cárteles de droga ni criminales. Lo extraordinario sería lo contrario y, también, que su actuación estuviera inhibida con acciones de ejercicio de poder pleno para que no se haga del Estado de México, ni del país, una tierra de peligro, material de alertas.