Sin titubeos

Temporada de contrastes

Se supone que este mes se convierte, a partir del día 12 con los festejos guadalupanos, en un jolgorio que concluye el 6 de enero con unos extenuados Reyes Magos, tanto en lo económico como en lo emocional. Cada año es así.

Sin embargo, ninguna temporada ofrece una variedad de contrastes como la presente, donde del júbilo se pasa a la depresión y la fiesta suele terminar en tragedia o, cuando menos, en una de esas resacas que pone a prueba el sistema nervioso y todo el aparato digestivo, amén del bolsillo y las relaciones familiares.

Todo se da casi en extremo. Las mismas fiestas son oportunidad para ello, para desinhibirse o incluso para desbocarse y transformarse de un respetado científico a un monstruo, semejante al clásico Dr. Jekyll y Mr. Hyde.

Las piñatas, las esferas, la gran iluminación festiva dentro y fuera de los hogares; las posadas que, más que ceremonias religiosas, hoy más bien se han convertido en reuniones por las que corre alcohol sin freno hasta desmayarse, con música más ruidosa que deleitable o acompasada, todo esto es parte del cuadro feliz.

Oportunidad, pues, para pasarla bien con los familiares, sentir un poco de calor, ver el cambio de rostros infantiles en juveniles, de éstos a seres maduros o de aquí a un poco más para allá y, en fin, todo el relevo generacional en un hogar.

Sin embargo, en estas fechas se incrementa de manera notable la depresión y la ansiedad. Mucho tiene que ver, y así lo afirman los especialistas, la nostalgia por los familiares ausentes, por un desengaño amoroso, por ver que el año se consume sin que las aspiraciones se hayan alcanzado o, simplemente, por seguir la ruta trazada por la cultura popular que evoca melodías de moco y llanto tendidos, como aquella de: "diciembre me gustó pa´que te vayas, que sea tu cruel adiós mi navidad", etc.

Porque si algo sobra en el foclor es justamente el tono lastimero de la tragedia, de la despedida final con el perjuro o la infiel, de la no correspondencia por las cuitas amorosas, del abatimiento, etc.

No en vano los consultorios de los sicólogos han incrementado su clientela, pero particularmente en estas temporadas los divanes están atascados pues, como se sabe, ninguna en todo el año es más propicia para el suicidio que la presente, un problema que provoca alarma y que sin duda todos, sector salud y sociedad, tenemos que enfrentar y corregir.

Finalmente, afectos y desafectos se cruzan en estos días y nos permiten mostrarnos como somos: seres humanos capaces de vivir y de expresar sentimientos y emociones, algo que se ha venido perdiendo frente a la criminalidad desatada con sus miles de cadáveres, violencia asfixiante que se suma las desilusiones de una economía cada vez más deprimida.

Con todo, esta noche, pues, es una invitación a vivir. Ojalá sea de la mejor manera, con alegría y en paz.