Sin titubeos

Reelección


Con tantos puntos en contra, con un gran rechazo incluso de la misma sociedad pero, sobre todo, con una experiencia histórica plagada de asonadas, revueltas, motines, insurrecciones y, en fin, toda una lista con ejemplos de escarmiento, no pesó en la clase política actual que llevó al extremo su necedad de abrir las puertas a la figura de la reelección legislativa.

Todos los puntos a favor son más teóricos que prácticos, coartadas de apetito de poder disfrazadas de intenciones de profesionalización, de responsabilidad, de estabilidad política intrapartidaria e interpartidaria; de eficacia parlamentaria, de la promoción de proyectos legislativos de largo plazo, etc.

Aunque todo esto se escuchó recientemente en el corazón de la política nacional, desde Montparnasse, en Paris, el espectro de don Porfirio removió la tierra y renovó su discurso.

"Es un error suponer que el futuro de la democracia en México ha sido puesto en peligro por la prolongada permanencia en el poder de un solo presidente -dijo en voz baja-. Puedo con toda sinceridad decir que el servicio no ha corrompido mis ideales políticos y que creo que la democracia es el único justo principio del gobierno, aun cuando llevarla al terreno de la práctica sea posible sólo en pueblos altamente desarrollados", le dijo a James Creelman-"The Pearson's Magazine", 18-III-1908-, en San Diego, California.

No tardó mucho en esperar la respuesta con el estallido de la Revolución, donde los insurgentes retomaron, en una ironía, los mismos ideales de quien fuera ilustre combatiente contra los franceses invasores: "Que ningún ciudadano se imponga y perpetúe en el ejercicio del poder, y esta será la última revolución", dijo tras la reelección de Benito Juárez en 1871, en el Plan de la Noria.

"La reelección indefinida, forzosa y violenta, del Ejecutivo Federal, ha puesto en peligro las instituciones nacionales", expresó en esa ocasión el militar oaxaqueño tras su derrota.

Son otros tiempos, sin duda, pero es el mismo espíritu de los antiguos el que acompaña el nuevo lance reeleccionista, como el enquistamiento dañino del poder, la obstaculización de la renovación de cuadros (ya lo dijo el gobernador Eruviel Ávila Villegas) y el consecuente debilitamiento político y partidario, amén de los nexos entre políticos y grupos de interés.

De por sí, pese a la renovación, la figura del legislador históricamente no ha gozado de la mejor estima. Son excepcionales los casos que han ameritado que no se les tilde de profesionales del trapecio, becarios oportunistas o cosas más pesadas.

"A ojos de la opinión pública nacional, nada hay tan despreciable como un diputado o un senador... Han llegado a ser la medida de toda la espesa miseria humana", afirmó Daniel Cosío Villegas en 1949.

La reforma, aprobada recientemente en un marco plural y colores variopintos, no permite refutar al historiador.