Sin titubeos

Peña Nieto y la ruta del vecino

El domingo, el presidente Enrique Peña Nieto hizo unas declaraciones al periódico español El País que, tal vez por la fiebre futbolera, pasaron casi inadvertidas pero permiten avizorar que el tema de las drogas, su producción, distribución consumo, se saldrá del reducido ámbito policiaco.

Según el diario, de cuya nota hicieron eco agencias internacionales, el Presidente expresó que es necesario poner fin a la incongruencia que ha generado la despenalización de la marihuana en algunas entidades de Estados Unidos -Washington y Colorado- y la criminalización de su producción en nuestro país.

De acuerdo con los despachos, Peña Nieto seguiría la ruta de nuestra vecina país respecto de flexibilizar leyes sobre el uso de las drogas pues la despenalización de la marihuana "es un fenómeno creciente y que las políticas aplicadas para el combate al narcotráfico en los últimos 40 años son fallidas y deben revisarse". Además, esto sólo ha generado un mayor consumo y producción.

"No estoy a favor de la despenalización, es un tema de convicción personal. Sin embargo, tampoco podemos seguir en esta ruta de inconsistencia entre la legalización que se ha dado en algunas partes, sobre todo en el mercado del consumidor más importante, que es Estados Unidos, y en México sigamos criminalizando la producción de marihuana", afirmó Peña Nieto.

Hasta aquí la postura de Peña, sintética y clara, sobre un asunto que no puede quedar como está y en el que se ha demandado modificar, no sólo en el caso de la citada hierba, sino en otras drogas como la cocaína, las metanfetaminas y sus derivados, entre otras.

La razón es que se debe dejar atrás una narcocultura que ha contaminado miles de vidas, vinculando las drogas con la violencia y la muerte, la riqueza fácil, el poder, etc., donde hasta los peores matones resultan "santos" y "benefactores sociales".

Los cientos de miles de muertos demuestran la barbarie, la inhumanidad, precisamente el resultado de esa narcocultura solapada a lo largo de muchos años.

En México ya es legal el consumo en dosis mínimas que, sin embargo, todavía permiten al policía extorsionar a un usuario -5 gramos de marihuana, 500 miligramos de cocaína y cantidades menores de heroína y metanfetamina-, o presentarlo como un delincuente.

Pero curiosamente sólo se despenalizó la demanda pero no la oferta, una incongruencia de muchas en el tema, y es ahí donde se tiene que plantear una modificación importante porque, a final de cuentas, las drogas siempre van a estar ahí. Casi medio siglo de combate con resultados al revés de los esperados, es suficiente para sacar la bandera blanca y rendirse, buscando una opción, la menos costosa en términos de vidas humanas y de recursos.

Aunque se puede hablar en favor de la despenalización, hay que aclarar que esto no quiere decir que sea igual en consumo. Una cultura informativa, de los alcances, sobre todo en materia de salud, impone transformar la mentalidad actual.

Nada fácil pero necesario hacerlo, porque hemos sido testigos de una política que en vez de minar el poder del narco lo ha fortalecido y elevado. Los costos en vidas humanas por la violencia que genera y los recursos públicos con miles de millones desperdiciados hablan de ello.