Sin titubeos

Nuevo “modelo social”

Con grado de vergüenza debe admitirse que tanto la sociedad como el gobierno, que comúnmente se denomina "Estado", ha fomentado o tolerado valores que, ni son tales, ni podrían ser consideradas tendencias contraculturales, como las definió el historiador estadounidense Theodore Roszack.

Sin duda una cosa es tener sueños y deseos, más por parte de grupos desfavorecidos, e iniciar así acciones para demoler una "cultura" o transformarla, pero otra es procurar el establecimiento de un modelo social, con implicaciones económicas y políticas, basado en la apología del crimen, en su encumbramiento.

Esto es lo que se ve a propósito de la captura del capo Joaquín Guzmán Loera, cuyos partidarios han salido a las calles a protestar y demandar su libertad, como si se tratara de un verdadero benefactor de todas las causas o, al menos, de las que lo defienden.

No debe horrorizar que esto suceda pues a final de cuentas eso es lo que se ha permitido y hasta fomentado. Ahí está el saldo de la permisividad o de la complicidad.

Que hasta hace poco permaneciera semioculta esa inclinación a venerar el crimen tampoco es de extrañar ya que estos tópicos por lo general son tratados con mucha hipocresía, otro de los graves problemas nacionales.

La expresión de hombres, jóvenes, adolescentes, mujeres, etc., en las calles simpatizando con un delincuente, sin duda es una respuesta a los males -corrupciòn, impunidad- pero también un reto ante los vacíos por falta de liderazgos sociales y políticos, así como a la nula respuesta a mínimas demandas de oportunidades para promover el desarrollo social a partir de una economía menos concentrada.

¿Le echamos la culpa al capo?, ¿a quien lo creó?, ¿a quien toleró? ¿a quien ahora hasta lo eleva a categoría de héroe popular, caso de empresario socialmente responsable, benefactor de los pobres? ¿O asumimos todos la parte que nos toca, revisando nuestro entorno?

Los movimientos de los años sesenta, con los hippies fumando hachís o consumiendo LSD proclamando el amor y la paz, un "no" a la guerra, están muy lejos de lo que presenciamos. Tenían al menos un propósito, con todo y que no gustara el desenfreno de entonces, pálidamente retomada, al menos en atuendos y covers musicales.

No estoy de acuerdo en que las autoridades intenten sofocar esas expresiones populares en torno de un delincuente, porque son parte del problema y eso no resuelve nada.

Lo que hay que ver es el tipo de monstruo engendrado y que ahora va a costar mucho trabajo derrotar, porque eso ha promovido una narcocultura y para la cual lo único que se tiene como respuesta es garrote o cárcel, la eterna persecución, el juego inservible de policías y rateros. No es por ahí.

Eso se combate con la promoción de una cultura distinta, apegada a valores, de respeto por los otros y por la ley; a tendencias sociales de mejor convivencia, de desarrollo, de oportunidades para todos y no nada más para unos cuantos.

Lo que han olvidado o ignorado las políticas públicas y la economía vigente es justo lo que el crimen ha venido cubriendo: oportunidades, así sea a balazos.