Sin titubeos

Niñez migrante

Si son ciertas las cifras de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos -y no hay por qué no creerlas- unos 50 mil menores de edad, tanto mexicanos como centroamericanos, incursionaron los primeros seis meses de este año en suelo de los Estados Unidos, y no precisamente para saludar a Mickey Mouse.

Tan no fue así que, de enero a mayo de este año, la Border Patrol detuvo a unos 47 menores que iban solos y se calcula que otros 47 mil podrían ser detenidos durante lo que resta del año.

En otros tiempos ya era síntoma de una grave situación el hecho de que muchos connacionales tuvieran que desplazarse a tierra estadounidense, aunque hubo casos en que tanto se habló del "sueño americano", tanto se dijo de una vida mucho mejor allende la frontera, que en realidad nunca se reparó en la "clase de vida" que se llevaría allá, donde igual existe una cantidad ingente de pobres o excluidos de ese modelo.

Pero la migración ha tocado a un segmento que tendría que provocar el sonrojo del poder público, económico y de la sociedad.

Dicen que muchos menores son nativos de Honduras, donde la situación expulsa a mucha gente por pobreza y crisis social; pero lo extraño no es que un país en esas condiciones "expulse" a sus habitantes, niños incluidos, sino que en nuestro territorio nadie los haya visto, que pasaran "casi" inadvertidos, en la sombra.

Y digo "casi" porque para la cantidad de personas que se maneja, no hay excusa que valga, a menos que sean invisibles.

Es obvio que los responsables de migración nacional están fallando o hay una corrupción muy grave. Por lo que se sabe y se ve, la frontera sur no es prioridad. Creo que nunca lo ha sido y eso refleja en parte la migración de menores, su paso por territorio nacional, para llegar a los Estados Unidos.

Ya no se hable de la cantidad de centroamericanos de todas las edades que se ven en cruceros y avenidas de la zona conturbada del Estado de México, desde Cuautitlán Izcalli hasta Ecatepec.

Sin duda las cosas no están bien en naciones del sur; gobiernos corruptos e insensibles han dominado el escenario, pero en la nuestra, ni territorial, política, económica ni socialmente estamos muy lejos de ellos.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) no especificó la cantidad de menores nuestros que se fueron en busca de una vida y de una atención que aquí se les ha negado.

La respuesta de Estados Unidos ante el fenómeno ha sido crear espacios para albergarlos, espacios considerados casi cárceles para menores migrantes por el trato duro que se les da, como si fueran adultos.

Esta clase de "consideraciones" de las autoridades estadounidenses hacia los niños migrantes son condenables, pero en esto no debería agotarse la crítica. Hay mucho que revisar en materia de migración y mucho que analizar y corregir en los países "expulsores". Y ahí parece que lo mejor es enderezar las críticas contra el trato "inhumano" de las autoridades de Estados Unidos. Con éstas, poco se puede solucionar.