Sin titubeos

Mensajes profusos… y confusos

Poco a poco los espacios de difusión se llenan de gran cantidad de propaganda política. Con diez partidos, ofrecen cualquier cosa, es posible suponer que en este caso no tragará más pinole el que tenga más saliva, sino el más efectivo en sus impactos, el que logre llenar esos huecos que la agenda pública no ocupó o dejó medio vacíos.

Habrá de contar la oferta y, sin duda, lo que hagan o dejen de hacer los contendientes, pero sobre lo primero no se ha visto hasta ahora con claridad que alguna cauce mayor penetración en el ánimo ciudadano.

Los temas, que son muchos pero sobresalen seguridad y economía por encima de los demás, así como el combate a la corrupción, siguen sueltos en espera de que los estrategas en el diseño de la propaganda den en el clavo y permita animar la contienda.

Según encuestas recientes, el PRI está arriba por tres puntos sobre su principal seguidor, el PAN, de cara a los comicios del 7 de junio para la conformación del Congreso federal. Mínima diferencia transcurridas de momento las campañas institucionales que, ciertamente, regresan al albiazul a la cancha tras el tercer lugar del 2012 y envían al PRD abajo con 12 puntos, a uno de Morena, el partido de López Obrador.

Falta que corra mucha agua de aquí al 7 de junio, sobre todo cuando en el Estado de México, con sus más de 100 millones de electores, los partidos no han definido todas sus candidaturas, principalmente a las alcaldías.

Pero el asunto es que ningún partido es, por el momento, dueño de lo que los especialistas denominan como la "litis electoral", es decir, el tema o los temas que capturen la atención de los electores.

La propaganda ha sido no solo profusa, sino hasta confusa, cuando lo que se requiere es claridad, pues ello podría incidir en la decisión de los que están pensando ir a votar.

Qué bueno que todos piensen combatir la corrupción, que se haga alusión a bienestar soñado mediante el impulso a la economía, a que la gente pueda caminar tranquilamente en las calles para evitar que, desde el exterior, se hable de "mexicanización" no para definir lo bueno de la cultura de nuestro país, sino el lado menos loable; qué bien que se quiera tener un mejor aparato de justicia con mejores leyes, más oportunidades para los jóvenes y un largo "bla, bla, bla".

Cualquiera esperaría equivocarse porque si de algo no pueden quejarse los actores políticos, es justamente de recursos para difundir sus propuestas.

Sin embargo, todo parece orientarse a pasarle la carga al "voto duro" de cada partido, a los leales de siempre.

Con las excepciones de Morena, cuyo caudillo ha hecho del término "esperanza" su grito de guerra desde que era gobernante, y la campaña del PVEM en cuanto a promesas cumplidas, las fuerzas políticas que encabezan las preferencias han estado dilapidando recursos sin dar en el blanco.