Sin titubeos

Maquinitas perniciosas

Es más fácil fomentar el vicio para obtener lucro inmediato que promover virtudes y potenciar cualidades para cimentar ganancias de largo plazo. El blanco principal siempre serán personas menores, niños y adolescentes.

Por eso son bienvenidas todas las acciones para cerrar el paso a las culturas perniciosas del ocio, como la de las maquinitas tragamonedas, por parte de las autoridades que destruyeron mil 30 de ellas y van por más.

Inofensivas en la presentación, y más allá de su operación ilegal, estos artefactos son promotores de desviaciones formativas en las personas, sobre todo menores, pues no sólo constituyen una fuente de corrupción, sino que promueven una adicción que despoja al individuo de su voluntad y lo lleva a perder tiempo precioso de sus actividades, lo encamina a la desatención personal e, incluso, a cometer sus primeros ilícitos para satisfacer su "droga".

Los que están detrás de estos negocios han optado por hacer presas de sus apetitos a seres que todavía no están plenamente desarrollados, de ahí la necesidad de regularlos e ir al fondo para poder sancionar con mayor rigor.

Es un secreto a voces que este fenómeno genera deserción escolar y problemas diversos en muchos hogares, pues estos aparatos se han instalado en farmacias, papelerías, tiendas, panaderías, muchas cerca de centros escolares.

Y, como es sabido, alimentan la falsa creencia de que es posible obtener dinero sin que ello implique esfuerzo alguno, es decir, es una vía para que el individuo se inicie en los terrenos de la delincuencia, justo lo que ha penetrado en las esferas sociales con la narcocultura.

Por ello, si hay sectores que requieren de protección, de autoridades, sociedad y familias, son justamente niños y jóvenes, muchos actualmente en dificultades para llevar una vida normal dedicada a su preparación como estudiantes y a su formación como personas.

Muchos son ya ludópatas que han requerido ayuda profesional para poder sacudirse la ansiedad que les inyectaron mediante "juegos" aparentemente inofensivos, vistos como simples pasatiempos, pero en los que han dejado los recursos que sus familias han obtenido con el esfuerzo diario.

Las cifras que dieron a conocer el gobernador Eruviel Ávila y Marcela Gonzáles Salas, directora general de Juegos y Sorteos de la Secretaría de Gobernación, ejemplifican la situación: cada máquina genera 5 mil pesos a la semana que, multiplicados por las 52 semanas anuales, generan 260 mil pesos; así, las mil 30 máquinas destruidas arrojaron ganancias ilícitas por 267 millones 800 mil pesos. Una fortuna.

Ese dinero ha servido para otras cosas menos para apoyar en su atención profesional a quienes cayeron en las redes de la ludopatía.

Aclaro que no estoy en contra de este tipo de juegos siempre y cuando sólo se involucre a personas adultas. Hacerlo entre menores no tiene nombre.

Muchas personas han descubierto que tanto la niñez como la juventud son un gran negocio, pero esto se puede hacer generando beneficios para ellos, incluso con pasatiempos tal vez no tan provechosos pero al menos no tan nocivos.