Sin titubeos

Mando Único

Son pocas las instituciones en las cuales los mexicanos confían. Un sondeo del Grupo de Economistas Asociados indica que universidades, fuerzas armadas e iglesias están a la cabeza de la confianza ciudadana con 55, 48 y 42 por ciento.

En los últimos lugares aparecen policías, juzgados, sindicatos, partidos políticos, todos con porcentajes entre 7 y 10 por ciento.

Cada cual tendrá que hacer las valoraciones correspondientes y realizar los ajustes que crea convenientes. La mayoría son entes públicos.

En el caso de la policía, no es de extrañar que siempre esté en la cola de la confianza social pues, siendo el rostro más visible y cercano de la autoridad a la población, de algún modo define el comportamiento de las cabezas, orienta sobre la personalidad y el carácter de quien es su jefe, dependiendo del ámbito: los alcaldes, el gobernador o el Presidente de la República.

El titular del Ejecutivo Federal lanzó una propuesta para crear mando único en las entidades, para que sean los gobernadores y no los ediles los que asuman el control de las fuerzas del orden para garantizar la seguridad de los ciudadanos y combatir al crimen común y al organizado.

El caso de Ayotzinapa, por su magnitud, expuso un hecho que en muchos casos es un secreto a voces: la confabulación, la actuación coordinada -o subordinada- de las autoridades constitucionales municipales, y su policías locales, con los cárteles criminales.

Pero desde las llamadas "narcotienditas", se da esa combinación. Extrañamente, todos los colonos saben quién es el "bueno" menos, por supuesto, la policía. En cada barrio se sabe del raterillo o del integrante de una banda pero, sorprendentemente, la policía municipal ni se da por enterada. Ya son "clientes" de extorsionadores los comercios pero, otra vez, la policía no sabe nada.

Y puedo seguir con situaciones similares, donde he sabido hasta el descaro que tienen los policías de saludar a los criminales que esperan el próximo camión de pasajeros para subir y despojar a los usuarios de sus pertenencias.

¿Es cosa de sueldos? Probablemente. ¿Lo es de capacitación? ¿Es asunto de mandos corruptos? Quizás entre miles de ellos haya quienes intentan diariamente ofrecer un servicio a la sociedad, con empeño a riesgo de su integridad y la de sus familias.

Pero esos buenos que hay no evitan que junto a ellos desfilen, embozados, integrantes del crimen.

El mando único, con todas las deficiencias, es una alternativa ante un hecho real que nadie debe soslayar: nuestras policías locales no solo no gozan de la confianza ciudadana sino que día a día aportan pruebas de que lo suyo no en el servicio público.

De manera provisional, mientras se diseñan y aplican los instrumentos de depuración, habría que explorarla, zona por zona, caso por caso. Dejar las cosas como están es rendirse a la evidencia.