Sin titubeos

Gasto más efectivo

"Poco el amor y derrocharlo en celos". Del refranero popular, esto sintetiza la situación del gasto público en los últimos años. Las proyecciones presupuestales han sido elaboradas más con optimismo que atendiendo a los inconvenientes de un panorama que todavía acusa los efectos de la crisis de 2008.

Ahora, para 2016 se prevé revisar con lupa todo lo que signifique duplicidad o derroche. Si se empieza de "cero", hay de donde cortar.

Olvidemos el insulto de diputados y senadores que, en tiempos de contingencia económica, anuncien que para hacer frente a la situación se van a rebajar 100 pesos de su salario. Esto hace 50 mil míseros pesos, menos de la mitad de sueldo que recibe cada uno de los 500 diputados, pero su tacañería no da para más, salvo para el pago de asesores y consultoras que hacen el trabajo de ellos y que también es un cargo más al gasto público. Debe ser revisado y eliminado.

Pero sí hay mucho que hacer, por ejemplo, en las subcontrataciones de los gobiernos en los tres ámbitos para la prestación de servicios y realización de obra pública, esto sin tocar con nada a las áreas supuestamente responsables de llevarlas a cabo, es decir, manteniendo la estructura burocrática.

Aquí no hay más: o ponen a trabajar a las huestes sindicales o darles las gracias, a ver si las empresas privadas que hacen su chamba los contratan.

Si se revisa con el rigor que se dice, se va a ver que casi todos los servicios que por ley debe prestar el gobierno, desde el municipal hasta el federal, son operados por particulares. Desde la recolección de basura y hay casos que hasta el suministro de agua potable.

Hay un gasto doble que, o no justifica la incursión empresarial o la presencia de plantillas laborales, más prestas al almuerzo que a las encomiendas.

Si se ve lo que se ha invertido en programas sociales, se obtendrá que ha salido más caro el caldo que las albóndigas y que la solución al combate a la pobreza es un barril sin fondo, utilizado con fines distintos.

Lo que no se ha concesionado es el monopolio de la violencia, y en eso también entra el derroche en capacitación de policías, compra de arsenal, más tecnología, etc.

Esto es una parte del problema, porque se extiende a los tres ámbitos de gobierno, sea del color que sea.

En el caso de los sindicatos y sus pensiones es otro tema del que se debe echar mano. Va a haber disgustos, sin duda, pero las conquistas laborales no deben confundirse con abusos, reiteradamente difundidos, con cuantiosos fondos públicos de los que no se rinden cuentas. Son acuerdos oscuros, por ejemplo, con los sindicatos de burócratas, de electricidad y el petrolero.

¿"Borrón y cuenta nueva"? Bueno, en esto habrá que asegurar que los recursos se destinen para lo que fueron etiquetados y, sobre todo, que se obtengan resultados. Esto significará gastar con eficacia y sin proyecciones ilusorias.